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"Si sólo busco la felicidad con la luz de la razón, no la encontraré"

Una fotografía del pozo de Jacob, un lugar histórico que es presentado como símbolo de la abundancia y la fuente de la vida.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Lázaro Peña V., Pbro.

Domingo III de Cuaresma, 08 de marzo de 2026, Morado. [Se omite la Conmemoración de San Juan de Dios, Religioso]. Otros santos: Faustino Míguez, presbítero de la Orden de las Escuelas Pías y fundador. Beato Vicente Kadlubek, monje cisterciense y obispo. MR p. 216 [228] / Lecc. I p. 60. LH Semana III del Salterio. Éx 17, 3-7; Rom 5, 1-2. 5-8; Jn 4, 5-42.

El pasaje del Éxodo (primera lectura), nos presenta al pueblo hebreo en camino hacia la tierra prometida; al parecer, el pueblo duda de que Dios lo acompañe, pues tiene hambre y sed, y siente que Dios no lo socorre. Aquí surgen dos cuestiones: Una es sobre Dios, ¿está o no en medio del pueblo sufriente para socorrerlo?; pero la otra atañe al pueblo hebreo, ¿qué está haciendo el pueblo para lograr la libertad y la posesión de la tierra prometida?, porque aquí no aplicaba el dicho de “a Dios rogando y con el mazo dando”, sino, más bien, sólo se quedaban esperando que Dios se manifestara con signos sensibles, o sea, que le diera de comer y de beber en el desierto. Dios jamás abandona a su pueblo, aunque duden de él, pues hará salir agua viva de lo más reseco del desierto, de la roca misma. Muchas veces tú y yo hacemos lo mismo en los momentos difíciles de conflicto, pobreza o enfermedad; también nos revelamos ante Dios. Este pasaje del Éxodo que hoy reflexionamos se repite en el Libro de Números, capítulo 20, versos del 2 al 13.

En la segunda lectura San Pablo insiste, una y otra vez, que la fe es un regalo; y por ese regalo recibimos los Sacramentos y estamos llamados a la Resurrección y a vivir eternamente en la casa del Padre, después de esta vida. Por eso el cristianismo no es una asignatura forzada, el cristianismo es una oferta que hacemos, con temor y temblor, a los que quieran escuchar y aceptar a Cristo vivo, que padeció y murió por nuestros pecados, y resucitó, abriéndonos a todos las puertas del Cielo. Por favor, nunca tratemos de obligar a nadie a que crea por la fuerza, bajo amenazas o engaños; eso no es cristianismo, pues no sería por convicción, sino por obligación; ciertamente los bautizados tenemos la obligación de evangelizar (Mt 28, 19), es decir, salir a llevar la Buena Nueva al mundo entero; pero esto no se hace por la fuerza, sino más bien por el testimonio.


En torno al Evangelio, te diré que el hombre, como todo ser vivo, siempre busca el agua para satisfacer su sed y poder vivir; Jesús mismo, como Hombre, siente sed y, con mucho respeto y valorando el trabajo de la mujer, le pide de beber. No como el pueblo de Israel en el Desierto, que exige y olvida los grandes prodigios que Dios ha hecho por él; y es que aquí el pueblo aún no tiene fe, por eso San Pablo, en la segunda lectura nos dice que por la fe seremos justos y estaremos en paz con Dios, por medio de Jesucristo. 

Por eso Jesús dice a la Samaritana, si conocieras el don de Dios (al verdadero Dios), tendrías el don del Espíritu Santo (Hch. 2, 33). Si nosotros lo conociéramos, no andaríamos buscando aguas muertas, que en lugar de dar vida, envenenan y nos llevan a la muerte. El pozo de Jacobo podría apagar la necesidad fisiológica de la sed, pero el agua que ofrece Jesús puede satisfacer las exigencias más profundas del ser humano. 

Aquel que quiera satisfacer su sed sólo con la luz natural de la razón y llenarse con la pura materia, siempre tendrá sed. Por el contrario, donde el hombre entra en contacto con Dios, no es en Jerusalén, ni en el Monte Garizím, sino en la persona de Jesús.


"Tres palabras para recordar y meditar esta semana

  • "ÉXODO: El Éxodo es el segundo libro del Pentateuco, antiguamente se llamaba "he aquí los nombres", por las primeras palabras con las que empieza. Los Setenta lo llamaron Éxodo (salida); pero de los 40 capítulos de este libro, sólo 15 hablan de esa salida; porque en realidad es la continuación del libro del Génesis.

  • POZO DE JACOB: El pozo reviste un carácter sagrado en todas las tradiciones; es el símbolo de la abundancia y la fuente de la vida, pues el agua es el elemento vital, sin agua no hay fertilidad, todo sería estéril. En toda la región, no había otro pozo más profundo que el de Jacob, por eso la gente acudía a él. Estuvo en uso desde el año 1000 antes de Cristo, hasta el 500 después de Cristo. El pozo de Jacob representa al Antiguo Testamento.

  • PECADO: Es un fallo consciente y responsable en el comportamiento humano que conlleva una ruptura o un empeoramiento en la relación con Dios, con el prójimo y consigo mismo. Con Dios, porque su misma esencia exige la rectitud en el obrar, y porque en la revelación ha manifestado explícitamente su voluntad; con el prójimo tanto por la ofensa que directamente se le infiere, así como porque todo lo que deteriora el ambiente moral es perjudicial para los demás; y consigo mismo, porque el pecador está dividido entre la profunda aspiración de su ser al bien y a la verdad, por un lado, y la destrucción de esos valores en su vida por otro.

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