Cada 3 de marzo, Oaxaca vuelve la mirada hacia una realidad urgente y cotidiana: los defectos congénitos que afectan la vida de recién nacidos y sus familias. Según cifras del Gobierno del Estado de Oaxaca, en 2024 se reportaron 82 casos de defectos al nacimiento en la entidad; en el primer trimestre de 2025 se notificaron 13 casos, reflejando una disminución inicial respecto al año anterior. No obstante, la tasa de letalidad permanece alta, con aproximadamente 11.9 defunciones por cada 100 casos detectados, un indicador preocupante que coloca a estos padecimientos como un foco prioritario de salud pública.
Los principales defectos monitorizados en Oaxaca incluyen cardiopatías congénitas, defectos del tubo neural como espina bífida y anencefalia, defectos craneofaciales (especialmente labio y paladar hendido), luxación congénita de cadera y el síndrome de Down. Estos padecimientos no solo representan desafíos clínicos, sino que también evidencian brechas de atención en zonas con dispersión geográfica y acceso limitado a servicios de salud.
La conmemoración del Día Mundial de los Defectos Congénitos, que se celebra cada 3 de marzo bajo el impulso de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), pone de relieve esta problemática regional en el marco de una realidad continental: en América Latina, las malformaciones estructurales o funcionales presentes al nacer constituyen la segunda causa de muerte infantil.
En Oaxaca, expertos y autoridades sanitarias subrayan que muchas de estas condiciones son prevenibles o tratables cuando se detectan oportunamente. El consumo de ácido fólico antes y durante el embarazo es una de las medidas más eficaces para reducir los defectos del tubo neural, mientras que la atención prenatal temprana permite identificar y vigilar posibles riesgos durante la gestación. Sin embargo, factores como la nutrición materna deficiente, la falta de controles médicos regulares, infecciones y determinantes ambientales o genéticos siguen influyendo en la incidencia de estos padecimientos.
La Secretaría de Salud ha reforzado su llamado a las mujeres embarazadas para acudir a controles prenatales y aprovechar las herramientas de detección disponibles. Para los profesionales de la salud, la vigilancia epidemiológica y el acceso oportuno al diagnóstico son pilares fundamentales para reducir no sólo la mortalidad, sino también el impacto a largo plazo sobre la calidad de vida de los niños y sus familias.
En Oaxaca, donde las distancias y las condiciones socioeconómicas dificultan la universalidad del servicio médico, la prevención y la detección temprana se erigen como estrategias clave para enfrentar una realidad que, detrás de números y porcentajes, guarda historias de esperanza y desafíos por superar.
