El primer viernes de Cuaresma en Oaxaca ya no solo huele a pescado fresco y piloncillo derretido, también a cuentas ajustadas. Este 20 de febrero de 2026, con una inflación anual de 4.7%, una de las más altas del país, mantener la tradición de la vigilia cuesta más que nunca. En los pasillos húmedos del mercado, entre cubetas con hielo y pregones, el camarón se vende hasta en 235 pesos el kilo, con incrementos que alcanzan 42% anual.
“El año pasado estaba mucho más barato, ahora la gente pregunta y se va”, comenta una comerciante mientras acomoda la mojarra, que también subió alrededor de 15% y se ofrece entre 74 y 120 pesos según el tamaño. Para una familia promedio, surtir la canasta de mariscos puede superar los 2 mil 400 pesos, una cifra que obliga a medir porciones y cambiar recetas.
Pero no solo el mar aprieta. Las habas, lentejas, chile poblano y hasta el piloncillo registran aumentos de hasta 40% en mercados tradicionales. “Antes con 300 pesos armaba la comida de vigilia, ahora ya no alcanza”, dice una compradora mientras compara precios.
Comer fuera tampoco representa alivio: en restaurantes especializados, un menú de degustación de mar puede llegar a mil 500 pesos por persona.
En medio del encarecimiento, la Central de Abastos se mantiene como el último bastión del ahorro, donde —según locatarios— “todavía se puede regatear y encontrar mejor precio”. La tradición sigue viva, pero este año pesa más en el bolsillo.
