Por P. Gregorio Gil Cruz Glz.
Evangelio: Mt. 5, 17 – 37
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido abolir la ley o los profetas; no he venido abolirlos, sino a darles plenitud. Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entraran ustedes en el Reino de los cielos.
Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar del castigo.
Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda.
Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
También han oído que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.
También se dijo antes, el que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio; pero yo les digo, que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegitima, expone a su mujer al adulterio, y el que se case con una divorciada comete adulterio.
Han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le has prometido en juramento. Pero yo les digo: No juren de alguna manera ni por el cielo que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.
Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente si, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno". Palabra del Señor.
En este domingo, Jesús nos recuerda la importancia y la primacía del amor obre el mero cumplimiento de la ley. Los mandamientos de la ley de Dios no han pasado de moda, tienen toda la actualidad, por eso Jesús nos dice no he venido a abolirlos sino a darles plenitud.
Jesús no desautoriza la ley del Antiguo Testamento, sino que le viene a dar plenitud y profundidad. Es decir, una mayor exigencia y radicalidad mediante la promulgación de la ley nueva “pero yo les digo”. Los ejemplos que escuchamos contraponen actos externos a actitudes interiores y así se excluye la casuística farisaica del mínimo legal que se da por satisfecho con la observancia de la sola letra de la ley; y urge el espíritu pleno de la ley animada por el amor.
La moral cristiana no se limita a la observancia ritualista y legalista de un código de normas. La radicalidad de la ley de Jesús consiste en el amor sin límites, sin fronteras. (Cfr. La Palabra cada domingo, B. Caballero, p. 124s).
El mandamiento del “no matarás” no se reduce a quitarle la vida física a una persona, cuantas veces le quitamos a nuestra familia los signos de vida como la alegría, la paz, la tranquilidad, la esperanza, la ilusión. El alcohol cuanto daña a nuestros hogares. Por nuestras deshonestidades le quitamos la buena fama a la familia. No basta con decir yo no he matado a una persona, pensemos en todos los signos de muerte: mal carácter, faltas de respeto, ridiculización en público de nuestros niños, críticas, difamaciones. Y así el adulterio y demás temas que hoy reflexionamos.
Las enseñanzas de Jesús no pretenden abolir la ley, sino llevarla a sus consecuencias más radicales. Según la doctrina de los fariseos, el hombre debía practicar las obras buenas que lo hacen justo ante Dios y le dan la salvación. Sin embargo, su interpretación de la ley había caído en una casuística y en la trampa de cumplir con lo mínimo imprescindible. Por eso Jesús propone una vivencia de la ley desde dentro, sin barreras, fundamentada en una relación personal con el Padre y desbordando las exigencias de la misma ley por medio de un amor vivido en plenitud. Para explicar esta interpretación se enumeran cinco ejemplos que son una invitación a aplicar el principio general a otros casos y situaciones.
Así, frente a la interpretación casuística, Jesús enseña que el precepto “no matarás” se refiere a cualquier ofensa hecha al hermano; que el adulterio empieza en el corazón; que el juramento debe ser sustituido por la absoluta transparencia en las palabras; que la venganza debe dar paso a un amor sin medida; que el amor al prójimo se refiere a todos los hombres sin distinción. Las palabras finales: “Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto” (Mt. 5, 48) esta es la clave para entender lo que Jesús nos propone y es la medida para interpretar y aplicar las enseñanzas de la ley y los profetas. (Cfr. Biblia de América)
Nos dice San Pablo: “la ley mata, el amor vivifica”, por eso Jesús no quiere que nos contentemos en el mero cumplimiento de la ley, sino ampliarlo a las exigencias más profundas del amor. Jesús, pues, no viene a abolir la ley sino a darle su sentido, que es vivir la ley con su sentido más profundo, el amor.
Que el Señor nos ayude a no quedarnos con el “yo no robo, no mato, ni hago mal a nadie…” porque ese es el límite mínimo que no asegura que ames a los demás; el amor va más lejos que la justicia y el derecho. Dios los bendiga. Feliz domingo.
