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La enamoró en Oaxaca, le dijo que vivirían juntos en la CDMX y quería prostituirla

Foto(s): Cortesía
Redacción

Alicia ya no cree en los hombres ni en promesas. Su cuerpo turgente se ciñe a un vestido negro que destaca lo blanco de su piel. Sus ojos forasteros, negros, miran al vacío.

 

Acepta la entrevista para que las chicas no confíen en las palabras bonitas y seductoras, de personas sin alma, que pueden desgraciarles la vida.
 

 

 

LA CAZA

 

 

Tenía 20 años. Atardecía después de un arduo día de trabajo; se dirigió a la Central de Abasto a comprar unos zapatos, cuando escuchó que alguien le dijo “adiós hermosa” por lo que volteó y se encontró con la sonrisa de un chico simpático, ella devolvió el gesto y siguió su camino.

 

 

Sin embargo, sintió que el chico la seguía, por lo que se metió entre la gente para perderlo de vista, “me alcanzó y preguntó si me podía acompañar a donde iba, le dije que sí, fuimos a una zapatería y me empezó a platicar que estaba trabajando en la ciudad, y que sólo venía por temporadas y después viajaba a la Ciudad de México, entonces Distrito Federal”.

 

 

Al ser atento y amable, le dio confianza, “me pidió mi número de celular y se lo dí ya que me pareció una buena persona. Por la noche me llegó un mensaje que decía "hola hermosa soy Omar el chavo de hace rato ¿Ya llegaste a tu hogar? Me tenías preocupado". Le respondió que todo estaba bien.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

EL ENAMORAMIENTO

 

 

Pasaron los días y se veían a diario para pasear. “Me platicaba de su vida, me dijo que se llamaba Omar Martínez, que tenía 25 años y era de Guerrero; que trabaja en México y que lo mandaban a Oaxaca”.

 

 

A Alicia le gustó su forma de pensar y de ver la vida, tan diferente a los demás hombres que había conocido, ya que Omar pensaba en el futuro, “eso era algo que me gustaba, por lo que paulatinamente me fui enamorando de él, porque era muy lindo”.

 

 

Todas las mañanas, recibía el mensaje “buenos días mi amor”, hasta que un día Omar le pidió que fuera su novia, y aceptó, creyendo que cada una de sus palabras y detalles eran verdaderos.

 

 

Una tarde, en el parque que acostumbraban, la invitó a que se fueran a la Ciudad de México, ya que supuestamente se quedaría de planta, “me dijo que tenia casa donde podríamos vivir juntos y que después nos casaríamos para formar una familia, ya que quería tener una relación seria conmigo, porque yo para él, era la mujer ideal que buscaba”.

 

 

Al estar profundamente enamorada de Omar, al día siguiente le dijo que sí.

 

 

Abordaron un autobús en la Central Camionera de Primera Clase. “Estaba muy feliz porque nunca había viajado a la Ciudad de México, pero sobre todo, porque estaba con él”.

 

 

En la estación San Lázaro abordaron el metro, Omar le dijo que se quedarían en un hotel porque ya estaba cayendo la noche, abordaron un microbus hacia Indios Verdes, después, a caminar en la enorme ciudad que parecía devorarlos, cuando ella le preguntó si ya iban a llegar a su casa, él respondió que ya estaban cerca.
 

 

 

LA DESILUSIÓN

 

 

De repente, detuvieron sus pasos, él tocó el timbre de una casa, de donde salió un sujeto como de 38 años, a quien le preguntó si tenía cuartos disponibles, a lo que le contestó que no, “al insistir y decirle que era conocido nos permitió el paso, me dio una hoja para registranos, apunté mi nombre y le entregue una copia de mi credencial de elector”.

 

 

Dentro del cuarto, Alicia le volvió a preguntar sobre su casa y Omar le respondió que se quedaba a dormir en su trabajo, “eso ya no me gustó, sentí miedo; después fuimos a cenar a un mercadito cerca de ahí, me pidió que no hablara con nadie de esa zona, por que la gente de ahí era muy mala, le creí”.

 

 

Volvieron al cuarto y la dejó sola, ya que supuestamente tenía que trabajar, le marcaba cada rato para saber si estaba bien.

 

 

Al día siguiente le llevó una parrilla pequeña, un tanque de gas, vasos, platos y un sartén, y le anunció que ya había conseguido trabajo para ella, por lo que se puso contenta.

 

 

Después de desayunar le preguntó en qué consistía el trabajo y secamente le dijo que de prostituta, “en ese momento sentí feo y me estaba dando más miedo y le dije que no; insistía, ya que lo tenía que ayudar a salir de una bronca económica".

 

 

La joven mujer le aseguró que lo ayudaba, pero que le consiguiera trabajo de sirvienta, pero menos de puta".

 

 

Omar la abrazó y le explicó que nada más sería por espacio de un año, hasta que saliera de su problema, después la sacaría de trabajar, para tenerla como una reina, y al negarse, la dejó sola en aquel cuarto, desamparada y sin dinero.

 

 

“Cargaba tan sólo 100 pesos que me duraron tres días, tiempo en que no llegó a la habitación, yo le marcaba a diario y me decía que al otro día estaría conmigo, pero no fue así, aunque me recomendaba que no saliera para nada”, mencionó con lágrimas en los ojos.

 

 

SIN CREDENCIAL DE ELECTOR, NO HAY CHAMBA

 

 

Al cuarto día, Omar llegó temprano, sin más ni más, le dijo que se arreglara porque empezaría a trabajar, por lo que, al no poder hacer otra cosa, se bañó y se cambió y la llevó a La Merced, donde trabajaría para él.

 

 

La mandó a un hotel, donde tenía que decirle al encargado que quería trabajar en ese lugar. le pidieron su credelencial de elector, la cual la había dejado en Oaxaca.

 

 

Al regresar con Omar, le explicó la situación, por lo que regresaron a la habitación, donde la empezó a regañar, saliendo esa noche dejándola de nueva cuenta sola. “todas las noches lloraba, no sabía qué hacer, solamente me quedaban 10 pesos, comía tortillas secas de las que habían quedado días anteriores”.

 

 

Alicia salió a buscar trabajo, sin embargo, a falta de su identificación oficial, no conseguía.

 

 

“No aguantaba el hambre, le marcaba a Omar y no me contestaba, hasta que me metí en un ciber con esos 10 pesos, ahí contacte con un amigo de Oaxaca que estaba trabajando en México, le conté mi triste historia, y él prometió ayudarme y le dejé mi numero de celular”, recordó la joven.

 

 

Con la esperanza puesta en su amigo, regresó a la habitación, donde ya estaba Omar, el cual la subió a un automóvil y la llevó a todos los sitios en los que se encontraban las chicas ofreciendo su servicio, diciéndole que ahí estaba su lugar, junto con las prostitutas.

 

 

Ella solo lloraba.

 

 

EL MILAGRO

 

 

Al día siguiente, su única esperanza le habló por teléfono, le dijo que la esperaba para llevarla a la TAPO , “agarre mis cosas, vendí su tanque de gas y parrilla, me fui con mi amigo, me llevó a comer, recuerdo que esa tarde comí como desesperada , después me acompañó hasta que vio que abordé el autobús de regreso a Oaxaca”.

 

 

Durante el regreso, Omar le marcaba constantemente, le enviaba mensajes en los que le decía que la amaba mucho y que no podía vivir sin ella, “lo empecé a odiar, porque ese hombre, desgració parte de mi vida”.

 

 

Han pasado dos años de esa cruel experiencia, sin embargo, la tristeza, los malos recuerdos y el odio están a flor de piel, su voz entrecortada, por los recuerdos de lo que ella consideró era el amor de su vida, sucumbe en llanto.

 

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