El 2026 no llega como una página en blanco, sino como una hoja marcada por lo que hemos sido y, sobre todo, por lo que hemos aprendido. Cada nuevo año trae propósitos, promesas íntimas y deseos colectivos, pero también nos coloca frente a una pregunta esencial: ¿qué estamos dispuestos a cambiar para vivir mejor, no solo como individuos, sino como sociedad?
Venimos de años complejos. Años que nos recordaron la fragilidad de la paz, el valor de la salud, la importancia del trabajo digno y la urgencia de la solidaridad. Por eso, hablar de propósitos para 2026 no puede reducirse a listas personales que se olvidan en febrero. Este año nos exige propósitos con propósito: decisiones conscientes que apunten al bienestar común.
Que el primer propósito sea la paz, no solo entendida como ausencia de violencia, sino como la construcción diaria del respeto. Paz en los hogares, en las calles, en las comunidades, en el diálogo público. Paz que se cultiva cuando escuchamos antes de juzgar y cuando entendemos que la diferencia no es una amenaza, sino una oportunidad para crecer.
Que el segundo propósito sea la prosperidad compartida. No una prosperidad que se mide únicamente en cifras, sino en oportunidades reales. Que el crecimiento económico llegue al campo, a los pequeños negocios, a los jóvenes que buscan su primer empleo y a las mujeres que sostienen comunidades enteras con su trabajo muchas veces invisible. Prosperidad que no deje a nadie atrás.
Un tercer propósito imprescindible para este 2026 es la responsabilidad. Responsabilidad con el entorno, con nuestras decisiones y con la verdad. En tiempos de desinformación y ruido, apostar por la ética, la honestidad y el pensamiento crítico es también una forma de servir al bien común. Cuidar nuestros recursos naturales, nuestras tradiciones y nuestra identidad es cuidar el futuro.
No puede faltar el propósito de la empatía. Mirar al otro con humanidad, reconocer las luchas ajenas y tender la mano cuando sea posible. Una sociedad empática es una sociedad más fuerte, más justa y más resiliente. En Oaxaca y en todo México sabemos que la comunidad es nuestra mayor fortaleza; recordarlo en 2026 será clave.
Para quienes leen estas líneas, el deseo es claro y sincero: que este año venga acompañado de salud, de trabajo digno, de tranquilidad para las familias y de esperanza renovada. Que cada lector de NVI Noticias encuentre motivos para creer, para participar y para no rendirse ante la adversidad.
El 2026 no será perfecto. Ningún año lo es. Pero puede ser mejor si decidimos hacerlo mejor. Si transformamos los buenos deseos en acciones, los propósitos en hábitos y las palabras en compromisos.
Desde esta columna, el deseo es uno solo, pero profundo: paz y prosperidad para todas y todos. Que el 2026 nos encuentre más unidos, más conscientes y más dispuestos a construir el país y el estado que merecemos.
Porque el futuro no se adivina: se escribe. Y este año, tenemos la oportunidad de escribirlo juntos.
