En Oaxaca, cuando la resaca llama a la puerta, la gastronomía local se convierte en el mejor aliado para “revivir” después de los excesos.
Platos como el caldo de camarón, caliente y con un toque de limón y chile, ayudan a rehidratar el cuerpo y a reconfortar el estómago; el pozole recalentado, un clásico de maíz, carne y chile, ofrece un desayuno sólido y nutritivo; mientras que los chilaquiles, bañados en salsa roja o verde y acompañados de crema, queso fresco y huevo o pollo, aportan carbohidratos y un toque picante que supuestamente ayuda a digerir los excesos. Para los valientes, el menudo o pancita se corona como el rey de los remedios tradicionales, y el caldo de barbacoa o consomé recupera líquidos y sales perdidas tras la fiesta.
A todo esto se suma la infusión de té de poleo, la famosa “hierba del borracho”, que calma el estómago y ayuda a relajarse. En promedio, curarse la cruda con esta selección de platillos y bebida puede costar entre 150 y 300 pesos por persona en 2026, dependiendo del lugar y el tamaño de la porción.
Pero la clave no está solo en la comida: la resaca, o “cruda”, surge por la deshidratación y la pérdida de electrolitos que provoca el alcohol.
No hay soluciones instantáneas, pero se puede acelerar la recuperación con hidratación intensa —agua, sueros o bebidas deportivas—, alimentación ligera, descanso y algunos medicamentos o suplementos para calmar dolor y malestar estomacal. Mitos como “seguir bebiendo para curarla” o que el café o la grasa ayudan solo empeoran la situación; la verdad es que la deshidratación causa mareos, dolor de cabeza y sequedad bucal.
La mejor prevención sigue siendo moderar el consumo y alternar cada copa con un vaso de agua, mientras se disfruta de los sabores que solo Oaxaca sabe ofrecer tras una noche de fiesta.
