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Ahorrar en Oaxaca: un lujo entre salarios bajos y altos gastos

Una mano colocando una moneda en una alcancía, ilustrando el concepto de ahorro y las dificultades económicas que se viven en Oaxaca.
Foto(s): Cortesía
Alexandra Zolorio

En Oaxaca, ahorrar sigue siendo un desafío para la mayoría de la población, marcado por bajos salarios, alta informalidad laboral y un costo de vida que presiona los ingresos familiares. Aunque datos recientes muestran que más de la mitad de los oaxaqueños reporta tener algún tipo de ahorro, la realidad es que solo una minoría cuenta con capacidad para ahorrar de forma significativa, en un contexto donde la pobreza laboral continúa siendo elevada.


 

De acuerdo con cifras de 2023 a 2025, alrededor del 58 a 59 por ciento de la población ocupada en Oaxaca vive en pobreza laboral, es decir, sus ingresos no alcanzan para cubrir la canasta básica. Esta condición limita directamente la posibilidad de destinar recursos al ahorro. En el primer trimestre de 2025, el salario promedio mensual fue de apenas 4 mil 220 pesos, mientras que los trabajadores formales percibieron en promedio 6 mil 910 pesos y los informales apenas 3 mil 380 pesos, lo que refleja una marcada desigualdad en el ingreso.


 

La informalidad laboral, que supera el 80 por ciento de la población ocupada, es otro factor que debilita la estabilidad financiera de los hogares. La falta de prestaciones, seguridad social y acceso a productos financieros formales reduce las oportunidades de ahorro y aumenta la vulnerabilidad ante cualquier emergencia económica.


 

Pese a este panorama, la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2023 revela que el 52 por ciento de los oaxaqueños mayores de 18 años cuenta con algún tipo de ahorro, aunque en su mayoría se trata de montos pequeños o de mecanismos informales. En cuanto al endeudamiento, el promedio máximo reportado fue de 72 mil 248 pesos, aunque más de un tercio de la población concentra deudas menores a 10 mil pesos, lo que evidencia un margen financiero limitado. Además, el 32.3 por ciento de la población reportó estrés financiero, asociado a la dificultad para cubrir gastos básicos y compromisos económicos.


 

Las remesas se han convertido en un pilar fundamental para la economía estatal. En 2024, Oaxaca recibió más de 3 mil 400 millones de dólares, recursos que fortalecen el consumo y permiten cierto alivio financiero en regiones como Valles Centrales, la Costa y la Mixteca. Para miles de familias, estos ingresos representan la diferencia entre subsistir y lograr un pequeño ahorro.


 

No obstante, el costo de vida, particularmente en la ciudad de Oaxaca, complica el panorama. Estimaciones indican que para vivir con relativa estabilidad se requieren ingresos mensuales de entre 20 mil y 50 mil pesos, una cifra inalcanzable para la mayoría de la población. A ello se suman brechas de género y territoriales: los hombres reportan mayor capacidad de endeudamiento y ahorro que las mujeres, mientras que las zonas rurales enfrentan mayores limitaciones que los centros urbanos.


 

En este contexto, el ahorro en Oaxaca se mantiene como una meta difícil de alcanzar. Aunque existe una cultura incipiente de guardar recursos, las condiciones estructurales del mercado laboral y el nivel de ingresos siguen siendo los principales obstáculos para mejorar la salud financiera de las familias oaxaqueñas.

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