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Periplo y buenaventura de salud

Caricatura política del monero Mario Robles que ilustra el tema del artículo sobre el periplo y la buenaventura en el sistema de salud.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Aunque la medida del tiempo es bastante relativa como puede verse en que la paisanada va en el 5786 y la chinada en el 4723, nosotros en esta cuarta caída por fortuna con limite de tiempo entraremos al 2026 con más pena que gloria ante la hasta ahora inevitable recesión, las arcas gubernamentales vacías, el inminente crecimiento de la deuda pública en billones de pesos, la falta de inversión pública y privada, el crecimiento y predominio del crimen organizado en más de 30% del territorio nacional y en regiones como el Istmo, la Costa, la Cuenca y los Valles Centrales en nuestro revocado Oaxaca con los asesinatos, ajustes de cuentas, cobro de piso, desapariciones, femenicidios a pesar de las declaraciones propagandísticas de los gobiernos en turno. Crecimiento de la economía informal que a nivel nacional alcanza ya más del 54% y en nuestro solar más del 87%, rompimiento creciente del tejido social, inobservancia galopante y retador de las leyes vigentes, así como reducciones al presupuesto de gobierno para 2026 en materias fundamentales como la salud y como si algo nos faltara localmente a nuestro oscuro futuro inmediato los recortes del presupuesto que se nutre de más el 89% de las asignaciones federales.

Y cito este espeluznante panorama generoso lector por que el año que termina me alcanzó la malaria y desde la cabeza hasta los pies fui padeciendo males físicos hasta acabar hace apenas unos días en el hospital que por cierto me negó entregar mi colaboración semanal por estar como “santo cristo” y abierto en canal y con la guampa partida, Zitarrosa dixit, con tanto cerrarla por los dolores y otras tantas horripicosas en que uno no sabe si matar a los médicos o de plano como decíamos en mis tiempos con la mayor naturalidad “ponerles casa” por el traqueteo allá salve dios las partes. Y es que mi omisión irresponsable por temor y cierta pena estúpida pudo vencerse inicialmente por el extraordinario y generoso doctor especialista Marín, la previsión del estudio especializado que me dejó casi en números rojos a la ya de si menguada economía personal en que como serie gringa televisiva te meten sin ser albur médico en una camilla que entra en un túnel de la ignominia para saber si la salvas y cómo proceder con el bisturí o si ya no cargas este año los peregrinos.

Y de allí gracias a la generosidad en una especie de mano vuelta de hoy por ti y mañana por mí, pude acceder al Seguro Social enfrenté la bipolaridad del sistema vigente que a pesar de haber practicado lo básico del Danes, Det gor ondt, me duele, o allí der “merito”, por aquello que el sistema es como el de Dinamarca, enfrenté a la guardia pretoriana privada que como Gabino Barreda no entienden de razones aunque les muestres una estampita de tu divinidad favorita no te dejan pasar aun trayendo hasta la última radiografía de tu amalgama porque de allá aquellito traía hasta dar y prestar. Luego la espera y las preguntas a grito pelón del que te recibe frente a la enfermera que más bien parecía celadora del penal de Tanivet, la espera de ocho horas para ingresar a urgencias y allí junto a enfermos que eufemísticamente llaman “pacientitos” que mas parece restos humanos de la guerra de Termópilas en las que una que otro empelado público de la salud cual desalmado comandante Leónidas te sentencia y prohíbe hasta mover los ojos.

El trato profesional, humano y comprensivo del personal en que destaca una mujer talentosa, maravillosa y diligente como la doctora Ema Arazén a la que le estoy el resto de hilo de vida que me quede profundamente agradecido, la doctora Covarrubias que se la rifó por mí ante el anuncio ni tan cifrado en nuestro variado lenguaje mexicano a enviarme de regreso a mi casita de celoloy a esperar turno para la intervención urgente que necesitaba, las enfermeras Saraí y Reyna así como el colega camillero Kenny que me dio confianza ante mi temor que fuera Caronte que ya me llevaba con los tenis por delante. Los tratos poco humanos y desafortunados de alguno que otro médico para mi ánimo y auto estima que andaba en peligro que fuera barrido y trapeado por la diligencia de intendentes y de alguna que otra que en un momento de honestidad compartió que tenía cubriendo tres turnos seguidos y justo en ese día les habían prohibido por oficio tomar café en sus momentos hasta entonces permitidos con reacciones agresivas y furibundas cual titular de las inefables actuales mañaneras y los infaltables cáeme bien que sienten placer en decirte hasta dónde y qué ver. A reserva que en al menos otra colaboración externe alguna que otra propuesta para mejorar el servicio profesional del personal de salud para mí rodada sorprendentemente joven, agradezco al Dios en que creo y a todos los que tuvieron que ver con mi atención que he vuelto a casa de mi querida y generosa Dulce y aunque un poco mostrenco ahí la llevo: ¡GRACIAS!

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