- En el encuentro entre Cementerito y Chapulineros, rindieron homenaje a Galdino Vicente Baltazar
La historia de Galdino Vicente Baltazar Sumano es la de tantos hombres y mujeres que, desde la discreción y el anonimato, sostienen la grandeza del deporte amateur.
Su vida y entrega nos recuerdan que el futbol no es únicamente competencia: es comunidad, amistad, memoria compartida y un espacio donde se tejen los lazos más profundos.
El homenaje celebrado en Pueblo Nuevo fue mucho más que un acto protocolario, fue un recordatorio de que las leyendas no se escriben únicamente en los grandes estadios iluminados por reflectores, sino también en esos campos humildes donde la pasión se mezcla con la tierra, el sudor y la esperanza.
Allí, en cada partido, Galdino dejó una huella imborrable, que seguirá viva cada vez que el balón ruede y los corazones se unan en torno al juego.
El pasado sábado, el punto de encuentro fue el reconocimiento a un hombre que ha sido parte esencial del equipo Cementerito durante más de 35 años.
Su presencia constante, su voz alentadora y su compromiso inquebrantable han tejido una relación estrecha con jugadores y aficionados, convirtiéndose en un pilar de la historia del equipo.
En su intervención, Baltazar Sumano habló con gratitud y emoción, recordando el gesto generoso de compañeros y, en especial, del ingeniero Francisco Sánchez, quien ha acompañado al equipo en su trayecto, en las buenas y en las malas, siempre brindando cobijo y apoyo. Ese respaldo, dijo Galdino, ha sido un motor de ánimo en los momentos más difíciles.
Hoy, mientras enfrenta problemas de salud, sus palabras resonaron con fuerza: “Agradezco al ingeniero Francisco, porque siempre ha estado con nosotros y ello me da muchos ánimos de vivir, y ganas de seguir luchando contra la enfermedad que padezco”.
Con la serenidad de quien ha aprendido a valorar cada instante, añadió: “Siempre en la vida hay retos los cuales buscas superar, por lo que tenemos que disfrutar el momento. Pero sobre todo, agradezco a mi esposa, que siempre me ha apoyado en todo”.
Este homenaje no fue solo un acto de reconocimiento, sino un testimonio de cómo el deporte amateur guarda en su esencia las historias más humanas y entrañables.
Galdino Vicente Baltazar Sumano no es únicamente un nombre en la memoria del Cementerito: es símbolo de perseverancia, de amor por el juego y de la fuerza que nace de la comunidad.
Su legado perdura, porque cada vez que el balón se ponga en movimiento, su espíritu seguirá acompañando a quienes entienden que el futbol es, ante todo, un puente hacia la vida compartida.
