Curada por Juan Manuel Aurrecoechea, desde ayer las salas del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) exhiben la muestra La Revolución Mexicana en el Espejo de la Caricatura Estadounidense.
En su texto para la sala señala que las caricaturas pueden derribar y desenmascarar cinismos, pero también sirven para justificar intervenciones militares, poner pueblos contra pueblos y hasta contribuyen a ganar elecciones políticas, como demostró la caricatura racista de los mexicanos que usó Donald Trump para ganar la presidencia de los Estados Unidos en 2016.
"El origen de esa caricatura se remonta a los primeros encuentros en el siglo 19 entre la América blanca y anglosajona con la América morena, y tiene uno de sus momentos decisivos durante la Revolución mexicana, cuando los mexicanos dejaron de ser pintados como esas figuras indolentes que dormitaban a la sombra de un cactus para convertirse en los bárbaros armados que protagonizaban una revolución".
Destaca que entre 1910 y 1923, la prensa estadounidense publicó miles de caricaturas que dibujaron a los revolucionarios del sur como salvajes andrajosos y sedientos de sangre, sin más ideal que matarse los unos a los otros y destruir la propiedad extranjera.
El curador comparte que esas imágenes trataron de persuadir al pueblo estadounidense de que el deber del hombre blanco, anglosajón y protestante, era “salvar a México de sí mismo”, como declaró en 1913 el presidente Woodrow Wilson y ocultaron que tras la “misión civilizadora” estaban poderosos intereses estadounidenses y sus inversiones en el petróleo, la minería, los ferrocarriles, la agricultura, el comercio, las finanzas, la propiedad territorial, el control de la mano de obra y otras actividades económicas.
Concluye que cien años después, cuando esa imagen de un “México bárbaro” parecía sepultada en la historia, ha resucitado en el discurso público estadounidense y se lanza, no ya desde las redacciones de los diarios como en la segunda década del siglo 20, sino directamente desde la Casa Blanca.
La muestra se puede visitar en la sede del IAGO.
