EL ZAPOTALITO, VILLA DE TUTUTEPEC.-Con la inexplicable mortandad de peces de la laguna de esta comunidad costeña, la actividad pesquera empezó una caída en picada que sumerge en la incertidumbre a mujeres y hombres pescadores, que por años habían encontrado aquí el sustento económico.
Como si los vomitara, la laguna empezó a sacar sus peces muertos el sábado, hace una semana. Primero fueron peces pargos de tres o cuatro kilos, robalos de hasta cinco kilos, mojarras “grandísimas” y toda clase de especies que aquí se reproducían.
El reciente fin de semana se recolectaron hasta cinco toneladas de peces sin vida o en estado de descomposición. Esa cifra no incluye aquellos recolectados por integrantes de cooperativas y personas que viven en la orilla de la laguna, quienes han enterrado a los peces en la arena, para evitar que invada la pestilencia.
La presidenta de la cooperativa Mujeres Pescadoras del Manglar, Cristina Emperatriz Arellanes Martínez, cree que la muerte de los peces fue por falta de oxígeno, “porque el agua de la laguna está estancada desde que la bocabarra está cerrada”.
Incluso cree que puede ser una consecuencia del sismo del pasado 7 de septiembre: “todas las bacterias que estaban en el fondo de la laguna se liberaron con el movimiento y se mezclaron con el agua limpia”.
Los lugareños que viven a orilla de la laguna la limpian de los peces muertos que ahí se acumulan. FOTO: Emilio Morales
Conjeturas
A Cristina Arellanes el sismo de 8.2 grados en la escala de Richter la agarró en medio de la laguna, en la parte que colinda con el poblado El Corral.
Su esposo, Fernando Melesio, y ella habían salido ese jueves desde las 18 horas. Era casi media noche y no habían juntado ni tres kilos de pescado.
Estar sobre su cayuco hizo que el temblor casi ni lo sintieran. Ella se percató porque el agua de la laguna se tornó distinta, “como que empezó a hervir”.
Eso, y que dos semanas atrás el agua de la laguna empezara a oler mal, son detalles que el sábado empezó a unir, en un intento por encontrar una explicación a la mortandad de los peces que representan el sustento económico de la comunidad.
Con 32 años, Cristina es la más joven de las seis integrantes de la cooperativa Mujeres Pescadoras del Manglar, todas nacidas fuera de esta comunidad y convertidas en pescadoras al iniciar su matrimonio, la mayoría a temprana edad.
Eso le ocurrió a Olmides López Vásquez, otra pescadora que, a sus 44 años, ya es abuela, lo que se entiende cuando revela que a los 17 años fue madre por primera vez.
Casi a la misma edad que la maternidad la encontró, Olmides se volvió pescadora. De eso hace 30 años, cuando se casó y dejó La Soledad, Santiago Jamiltepec.
La “panza” de sus tres embarazos creció en esta laguna. Justo ahí le “agarraban” los dolores de parto, terminaba de pescar y todavía tenía tiempo de irse al centro de salud de Río Grande.
La laguna, medio de vida
A diferencia de Olmides, Cirila Martínez Torres empezó a pescar ya que su hija y sus dos hijos estudiaban en la primaria, hace como 35 años.
Gracias a lo que extraía de la laguna, pudo ofrecerles una carrera. Cuando lo cuenta se pone dubitativa y triste, porque ahora “la laguna no tiene nada de peces sanos, los que habían se murieron por falta de oxígeno”.
Temen que ahora el agua esté contaminada y no haya interés de alguna autoridad por corroborarlo, ni por quitar la arena que hace una barrera entre la laguna y el mar del Pacífico.
Es ella quien recuerda que fue Carina Bautista, de la organización La Ventana quien llegó con Yolanda Camacho en 2014 a invitarlas a formar un grupo de pescadoras.
Un proyecto de mujeres
Durante un año, 24 mujeres se reunían sin estar seguras si formaban una cooperativa. Que años atrás hayan vinieran otras personas a engañarlas, las hacía dudar.
Fue hasta diciembre de 2015 que la cooperativa Mujeres pescadoras del manglar se constituyó. Un mes antes habían empezado a trabajar con su comedor, el que ahora atienden entre seis mujeres.
Esas seis son todas las mujeres que se aferran al proyecto, "la mayoría ya no quiere, sólo ganamos para sacar lo que se invierte, nada más en vacaciones las condiciones cambian".
La cooperativa de mujeres tiene todo para abrir una pescadería, pero falta lo más importante: el pescado para vender.
Con la ayuda de la organización Fondo Semillas, desde hace un año concretaron un proyecto que les permitiría abrir una pescadería.
Tienen todo lo necesario: congeladores, hieleras, taras, tinaco para agua, cuchillos, picahielos, básculas, bandejas para salar pescado. Falta lo más importante: el producto, los pescados.
El desinterés de autoridades ambientales que investiguen la razón por la que los peces empezaron a morir, hace que aquí haya más sospechas que certezas. Pero en ese mar de incertidumbres, algo sí es cierto, la principal actividad que sustenta la vida de lugareños, se está muriendo.
Pescadoras guardan sus redes
Mujeres de pesca. FOTO: Emilio Morales
Para pescar en la laguna de El Zapotalito se tienen que invertir, al menos, el costo de diez litros de gasolina, si la lancha tiene motor, o remar durante una hora.
Cualquiera de las dos opciones implica un trabajo que, para Virginia García Barra, se desperdicia porque sabe que volverá sin nada.
La mujer de 41 años nació en Nuevo Progreso, San Juan Colorado, pero hace 24 llegó a trabajar a esta comunidad en la limpieza de una casa.
Cuando ella y Néstor Morales se conocieron, “aquí me quedé y me volví pescadora, como él”.
En sus inicios, esta actividad le daba miedo, un temor que sigue presente, sobre todo "cuando llueve y hay mucho aire" porque le recuerda cuando en esas condiciones su lancha se estaba volteando.
La enfermedad que ha llevado a su esposo a tres cirugías sin un diagnóstico, hizo que desde 1993 aprendiera a pescar sola, pero la actividad prácticamente la ha dejado hace unos meses, cuando los peces comenzaron a escasear.
Por su colindancia, esta laguna se une con la de Chacagua, pero el agua que de ahí entra es insuficiente para formar una corriente. La falta de una escollera al proyecto “mal hecho” que empezó en 2005 ha llevado que esos 150 metros de playa (bocabarra) que divide al mar con la laguna, la ahogue de alguna manera.
En 2013 el paso del Huracán Carlota hizo que la bocabarra se abriera de manera natural, el agua del mar entró y salió durante un año y seis meses, pero el mar de fondo volvió a dividir la laguna.
En 2015 una draga empezó a trabajar para ayudar a la laguna a tener el mismo nivel del mar, pero desde hace un año se detuvo, el armatroste está abandonado.
Eliminar esa bocabarra que desde hace 13 años existe es la única solución que pescadoras como Virginia ven para que la laguna se alimente del agua del mar, los hombres dejen de migrar y la vida vuelva a existir.
