- Actualmente milita con Coyotes de Tlaxcala de la Liga de Expansión
En las polvorientas calles de Llano Verde, Santa Cruz Amilpas, un niño aprendió a correr detrás de un balón antes incluso de dominar las palabras, ese niño es Juan Pablo Lázaro Antonio, quien desde sus primeros pasos convirtió la cancha en su territorio natural.
Para él, la cancha no era un simple espacio, era su territorio natural, el lugar donde comenzó a forjar sueños que con el tiempo dejarían de ser juegos de barrio para convertirse en una promesa dentro del futbol profesional.
La inspiración siempre estuvo cerca, en casa, siendo su padre, ejemplo de disciplina, y su hermano Said, quien lo llevó de la mano a la escuela Chivitas en Santa Cruz Amilpas, fueron los primeros pilares de su formación, ahí, entre entrenamientos sencillos y partidos llenos de ilusión, Juan Pablo empezó a moldear su carácter deportivo.
Como muchos niños, inició con la ambición de ser delantero, el matón que buscaba brillar con goles, sin embargo, el destino y la mirada de sus entrenadores lo fueron llevando por otros caminos.
Primero se acomodó como medio de contención, y más tarde, bajo la guía de Armando García Aréchiga, descubrió sus aptitudes como lateral derecho, posición que le permitió explotar su velocidad y visión de juego.
EL CAMINO NUNCA FUE FÁCIL
Tras pasar por la escuela Semilleros, dirigida por Josué Arango, quien le abrió la primera puerta hacia el futbol profesional con una visoría en Jaguares de Chiapas, Juan Pablo conoció la frustración de no ser elegido.
Pero la necedad, esa fuerza que distingue a quienes no se rinden, lo llevó a entrenar a Zimatlán de Álvarez con Amando García Aréchiga, quien finalmente lo acercó al futbol de paga.
De ahí comenzó un peregrinaje lleno de sacrificios: Veracruz en la categoría sub 15 y Halcones Negros de Texcoco; luego, un obligado regreso a Oaxaca debido a la pandemia de la Covid 19.
Pasado ese tiempo difícil, buscó nuevas oportunidades en una filial de Juárez en la Ciudad de México, donde, ante la escasez de opciones en su posición natural, se probó como medio de contención y logró consolidarse durante un año entero.
Su carrera siguió sumando capítulos en los Diablos Rojos de San Francisco Tesistán en la Tercera División, Cruz Azul, Puebla y finalmente Coyotes de Tlaxcala de la Liga de Expansión.
En la jornada cinco del Apertura 2025 debutó con Coyotes para ya no soltar la titularidad, demostrando que la perseverancia siempre encuentra recompensa.
Hoy, Juan Pablo busca mantenerse como referente de su equipo y dar el salto definitivo a la primera división, aunque sabe que el camino exige dejar atrás costumbres, familia y hogar, pero también entiende que la fuerza mental es la clave para resistir.
“El sacrificio algún día va a valer la pena”, asegura, convencido de que tener claros los objetivos es lo que lo mantendrá firme en la ruta hacia sus sueños.
