Por Leonardo Pino
- I -
El escritor José Revueltas, nacido el 20 de noviembre de 1914, fue integrante de una familia destacada por el protagonismo intelectual de él y sus hermanos: el músico Silvestre; Rosaura, actriz y el pintor Fermín. José, desde su juventud hasta la muerte, militó en partidos y organizaciones de izquierda, compromiso que muchas veces lo llevó a la cárcel.
Esas experiencias, tanto en Lecumberri como en las Islas Marías, las reflejó en sus más conocidas obras: El apando y Los muros de agua. Incluso, casi con humor negro, alguna vez declaró que el lugar donde más cómodo escribía era en la cárcel, que era su lugar preferido para estudiar y pensar.
Además de sus obras literarias, escribió guiones cinematográficos y ensayos políticos. En 1967 recibió el Premio Xavier Villaurrutia, ocasión en que su contemporáneo y amigo, Octavio Paz, declaró que Revueltas era “uno de los mejores escritores de mi generación y uno de los hombres más puros de México”.
- II -
En el histórico año de 1968, debido a su participación en el movimiento estudiantil, José Revueltas fue detenido y alojado en la cárcel de Lecumberri, conocido como el Palacio Negro. Lo acusan de incitar a la rebelión, de participar en una asociación delictuosa, de originar daños a propiedad ajena y de acopio de armas, entre otros delitos.
En esa prisión, Revueltas escribe “Carta abierta a los estudiantes presos” y “Consideraciones sobre la autogestión académica”. Su entonces compañero de celda, Martín Dozal, cuenta que Revueltas era un hombre disciplinado, que se levantaba muy temprano a leer y a escribir y que le transmitió su amor por Marcel Proust, André Gide y Dostoievski.
El año 1969 escribe El apando, una novela corta que describe la vida en la cárcel. El título, hace referencia a una celda de castigo dentro de la prisión. En este trabajo, Revueltas desarrolla una de las tesis literatura: “todos estamos presos; los condenados por la sociedad y los que están del otro lado de los barrotes”.
El libro está dedicado a su amigo y camarada, el poeta Pablo Neruda, quien en una carta enviada al presidente Gustavo Díaz Ordaz, escribe: “(…) Contradictorio, hirsuto, inventivo, desesperado y travieso es José Revueltas: una síntesis del alma mexicana. Tiene, como su patria, una órbita propia, libre y violenta. Tiene la rebeldía de México y una grandeza heredada de familia. (…) Por eso, con la tranquilidad que da el derecho ganado con amor, termino así esta prosa: Señor presidente Díaz Ordaz: Yo reclamo la libertad de José Revueltas, entre otras cosas, porque seguramente es inocente. Además, porque tiene la genialidad de los Revueltas y también, lo que es muy importante, porque lo queremos muchísimo”.
- III –
José Revueltas muere en el Hospital de Nutrición, el 14 de abril de 1976 de un paro cardiaco, a los sesenta y dos años. Su funeral – al igual que la mayor parte de su vida, se transformó en un acto político donde su compañero de celda en Lecumberri, Martín Dozal, interrumpe el discurso oficial del secretario de Educación del gobierno de Luis Echeverría Álvarez, al grito de “¿No se da cuenta que no lo queremos escuchar?”
Las consignas plantearon la diferencia que él siempre sostuvo: “¡Viva Revueltas!” “¡Muera el gobierno!”, en medio de los sones combativos de La Internacional.
José Revueltas se despide de esta manera de sus días terrenales, tal como había vivido siempre: en medio de consignas políticas y la solidaridad de sus amigos y compañeros.
El 8 de marzo de 2019, el presidente Andrés Manuel López Obrador convirtió al Complejo Penitenciario Islas Marías, en el Centro de Educación Ambiental y Cultural "Muros de Agua-José Revueltas”.
Carta de Revueltas al jefe de policía
Carlos MONSIVÁIS
(…) En la clandestinidad (de la que todo el mundo está al tanto) Revueltas sigue escribiendo, preocupado por la suerte de los detenidos, muy afectado por la matanza del 2 de octubre. Su suerte individual no le atañe. Lo invitan a dar una conferencia en el Auditorio de Humanidades y acepta, a sabiendas de que será detenido. Antes de salir a C.U. escribe una carta dirigida al jefe de la policía, que leí entonces y cuyo sentido retengo en la memoria:
Muy Señor Mío:
Sé que se me busca acusándome de subversión. Como están las cosas, mi vida, en peligro, no vale nada y bien puedo considerarme un sentenciado a muerte. En tal condición, y como reza la costumbre, tengo derecho a un último favor, que no se le niega a nadie y ahora lo ejerzo. Señor jefe de la policía: este condenado a muerte le pide, en uso de las prerrogativas de su inminente desaparición, y con la certeza de que su deseo será complacido, que vaya usted y muy respetuosamente chingue a su madre.
Atentamente,
José Revueltas
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La revolución en Oaxaca
En su extraordinario libro, “Oaxaca, entre el liberalismo y la revolución; la perspectiva del sur (1867- 1911)”, la doctora Francie R. Chassen-López consigna: “Después de 1910, los historiadores de la Revolución Mexicana tacharon a Oaxaca como intrínsecamente conservadora o porfirista o la ignoraban totalmente”.
Esta especie fue refutada por el historiador Jorge Fernando Iturribarría cuando publicó Oaxaca en la historia, con el objetivo de “demostrarle a la opinión pública de Oaxaca y a la nación mexicana, la falacia injustamente propagada – que ha causado tanto daño- de que nosotros los oaxaqueños hemos sido siempre enemigos de la Revolución Mexicana”.
Otros historiadores oaxaqueños también han contribuido a combatir la leyenda negra con la verdad histórica; entre ellos, es necesario destacar a Jorge Tamayo, Oaxaca en el siglo XX, y Alfonso Francisco Ramírez, Historia de la Revolución Mexicana en Oaxaca, entre otros.
Contemporáneo nuestro, el maestro Francisco José Ruiz Cervantes en su libro La Revolución en Oaxaca: El movimiento de la Soberanía (1915-1920), “parte de la idea que la llamada Revolución Mexicana tuvo un impacto desigual en las diversas regiones del país, que no fue lo mismo en Morelos, Chihuahua o Oaxaca”.
Un hecho de trascendencia histórica y política en aquellos años fue la visita a Oaxaca de Juárez - para fundar y dejar sentada las bases ideológicas del Partido Antirreeleccionista – del adalid del movimiento revolucionario a nivel nacional: don Francisco Ignacio Madero.
Prohibida la asamblea-mitin, cuya realización estaba prevista en las faldas del Cerro del Fortín, frente a la estatua de don Benito Juárez, la reunión se realizó en la casa del licenciado Juan Sánchez, sita en calle Morelos, donde fue elegida la Comisión Directiva del Centro Antirreelecionista Oaxaqueño.
De acuerdo al ya citado historiador, maestro Francisco José Ruiz Cervantes, al contrario de lo ocurrido en otras ciudades del interior del país, “(…) para Madero su presencia en Oaxaca de Juárez tuvo un objetivo más bien simbólico: dejar establecido un club político en los propios feudos del presidente Díaz, en su ciudad natal, para que el hecho llegara a sus oídos.
“Se supo que en territorio oaxaqueño circularon algunos ejemplares del Manifiesto suscrito por Francisco I. Madero llamando a la rebelión para las seis de la tarde del 20 de noviembre de 1910, y que, como ocurrió en prácticamente todo el país, esa fecha pasó inadvertida a pesar de algunos gritos y sombrerazos por los rumbos de la Sierra de Juárez”.
Fue el 21 de enero de 1911, cuando en Oaxaca se dio el primer levantamiento maderista: Sebastián Ortiz, se alzó en Ojitlán con 800 partidarios casi desarmados.
La “bola”, ya se había echado a andar; en la Patria de Juárez había iniciado la Revolución Mexicana.
