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Celebraron partido de inclusión

Convivencia futbol entre los Ocelotes de Oaxaca y los Dioses de Tehuacán.
Foto(s): Jaime Medina Sánchez
Jaime Medina Sánchez
  • Futbolistas con capacidades diferentes de los Ocelotes de Oaxaca y los Dioses de Tehuacán tuvieron una convivencia deportiva

 

 

El pasado fin de semana, el Parque Primavera de Oaxaca se convirtió en el escenario de uno de los encuentros más emotivos y significativos del año, entre los Ocelotes de Oaxaca y Dioses de Tehuacán. 

El partido de futbol fue una convivencia deportiva entre equipos integrados por niños y jóvenes con capacidades diferentes, quienes se entregaron en la cancha como si fuera una final.

Desde temprana hora, el ambiente se impregnó de entusiasmo y esperanza, que le dio vida al balón sobre la grama sintética, en una jornada que trascendió más allá de lo deportivo, en la que los jugadores con rostros iluminados por la emoción se entregaron por completo en cada jugada, demostrando que el futbol puede ser una herramienta poderosa de inclusión y superación.

Las gradas se llenaron de aplausos, porras y sonrisas, donde padres, madres, hermanos y amigos acompañaron a los futbolistas, con un fervor que contagiaba. 

Algunos de los participantes viven con condiciones como síndrome de down, trastorno del espectro autista, déficit de atención y parálisis cerebral, quienes en el campo, todos se mostraron como jugadores, compañeros y soñadores con un balón entre los pies.

Cada intento por llegar al arco rival fue celebrado como un gol, cada pase bien dado como una hazaña, en un partido donde el marcador, aunque presente, se volvió irrelevante frente a la verdadera victoria.

El encuentro dejó momentos memorables con jugadas llenas de ingenio, abrazos tras cada gol, pero sobre todo, con una atmósfera de respeto y admiración mutua. 

Al finalizar, los rostros reflejaron cansancio, pero también una profunda satisfacción, donde el deporte había cumplido su misión: unir, sanar y empoderar.

Gilberto Garza, responsable del equipo Dioses de Tehuacán, compartió unas palabras que resonaron con fuerza entre los presentes: “Llevamos tres años con el programa. Hay que darle las gracias a los papás, porque por ellos estamos aquí. Desde luego nos ha costado trabajo y nos faltan apoyos, pero seguimos adelante.”

Este tipo de iniciativas no sólo ofrecen espacios de recreación, sino que abren puertas a una sociedad más justa y empática. 

El partido entre Ocelotes y Dioses fue un recordatorio de que el deporte puede ser un puente hacia la inclusión, donde cada niño, sin importar sus capacidades, merece la oportunidad de brillar.

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