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LECTURAS PARA LA VIDA: Efectos de la mente sobre el organismo

Los trastornos psicosomáticos no son inventos o meras "simulaciones" de los pacientes; son afecciones reales.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Rafael Alfonso

 

Hace más de un siglo, Sigmund Freud determinó que la vida emocional no es un fenómeno puramente abstracto, sino que se inscribe con una fuerza ineludible en el organismo humano. Gracias a sus investigaciones sobre la histeria, el padre del psicoanálisis pronto pudo revelar el impacto directo de lo psíquico en el cuerpo.

El aparato psíquico opera con la energía de las pulsiones. Cuando un conflicto emocional, o una carga afectiva intensa (como el miedo crónico, la ira reprimida o la tristeza profunda) no encuentra una vía de descarga psíquica a través de la palabra, el sueño o la acción simbólica, esta energía estancada busca una salida alternativa en el cuerpo.

Los trastornos psicosomáticos, contrario a lo que dicta la voz popular, no son inventos o meras "simulaciones" de los pacientes; son afecciones reales, donde los malestares están íntimamente ligados a factores psicológicos. Baste recurrir, para ejemplificar lo anterior, a situaciones bien conocidas por todos:

La ansiedad y el estrés pueden afectar el Sistema Cardiovascular y provocar taquicardia o aumentar la presión sanguínea. De la misma forma puede verse afectado el Sistema Gastrointestinal. Por ejemplo, un enojo severo puede obstaculizar la digestión (el famoso entripado). El estrés puede manifestarse como gastritis, úlceras o el síndrome del intestino irritable o la famosa colitis nerviosa, todas ellas formas en las que la tensión psíquica se cristaliza como dolor y disfunción orgánica.

Otra víctima bien conocida del estrés es el Sistema Inmunológico, susceptible a padecer cuando el paciente presenta tristeza o, peor aún, depresión. Son factores emocionales que debilitan las defensas del cuerpo. Esto no sólo hace al individuo más vulnerable a infecciones, sino que también puede agravar afecciones autoinmunes o favorecer brotes en enfermedades dermatológicas como el herpes y la psoriasis; y ya no hablemos de dolores crónicos que se presentan sin causa ap rente, como dolores de espalda o cefaleas.

Quede este breve recuento solo para no desestimar la relación que existe entre nuestra vida emocional y nuestro cuerpo. No es necesario traer a cuento los espectaculares padecimientos que podrían incluir parálisis o cegueras temporales, para reconocer esta estrecha relación.

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