El regreso a clases para las madres autónomas es especialmente difícil. La falta de recursos económicos para enfrentar los gastos lleva a más del 80 por ciento de las mujeres que sostienen sus hogares, a recurrir al empeño o endeudamiento.
Pago de colegiaturas, compra de útiles escolares, uniformes, zapatos, mochilas, cuotas, entre otros conceptos forman parte de la larga lista de gastos que establece el inicio de un nuevo ciclo escolar, señaló la activista Diana Luz Vázquez Ruiz, promotora de la Ley Sabina.
“Es una serie de gastos en donde muchísimas mamás terminan en un estrés complicado, con ansiedad, depresión por no poder cumplir con esa lista tan extensa. Esto de que la educación es laica, gratuita y obligatoria es una utopía”, expuso.
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El regreso a clases -dijo- tiene que ser un espacio para la reflexión sobre la responsabilidad de los padres ausentes y deudores alimentarios morosos. “Hay que hablar de estos señores que no paternan y que lleva como consecuencia que las mamás se endeuden, caigan en problemas y se comprometa su salud por no cumplir mínimamente con sus obligaciones”.
Un cálculo estimado hecho por madres de familia sobre el regreso a clases apunta a destinar entre 5 mil y hasta 10 mil pesos, sobre todo en aquellos casos en donde se acude a una escuela particular. Para muchas mamás el enviar a sus hijos e hijas a estas instituciones no es un lujo, es una necesidad frente a los horarios escolares tan cortos de las escuelas públicas y los contantes paros de labores.
Tener a las y los hijos en escuelas privadas les permite tener mayor tiempo para destinar a la realización de trabajo remunerado.
De acuerdo con datos del Inegi, la mayoría de las madres en México están casadas (40.3 %), mientras el resto vive en Unión Libre (20.6 %), o está soltera (16 %), separada o divorciada (15.76 %) o viuda (7.29 %).
Las mismas cifras detallan que uno de cada tres hogares en el país tiene una mujer como jefa del hogar, en su gran mayoría madres que sostienen muchas veces solas los aspectos económicos y de cuidados de sus familias.
Este porcentaje ha ido subiendo con el tiempo, pasando de 17.3 % de los hogares en 1990 al 32.6 % registrado en 2020. En Oaxaca el 30.7 por ciento de los hogares enfrentan esta condición.
