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Fray Bartolomé de las Casas: padre y protector de los Indígenas

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Leonardo Pino

"La guerra contra los indios, que vulgarmente llamamos conquista es impía y anticristiana de por sí. Pues no hay motivo para hacerles la guerra, ni nunca en tiempos pasados cometieron contra nosotros un delito digno de la guerra, y menos porque ellos eran desconocidos en nuestros territorios”, le contestó Fray Bartolomé al cronista del rey, Juan Ginés de Sepúlveda, que sostenía: “esos bárbaros llamados vulgarmente Indios, de cuya defensa pareces haberte encargado, (…) (su) condición natural es tal que deban obedecer a otros, si rehúsan su imperio y no queda otro recurso, sean dominados por las armas; pues tal guerra es justa según opinión de los más eminentes filósofos”.

El primer y férreo defensor de los indígenas americanos, Fray Bartolomé de las Casas, - el primer sacerdote ordenado en América -, nació en Sevilla, en el año de 1474 y murió el 18 de julio de 1566; fue obispo de Chiapas, donde fue considerado por los naturales de ese territorio “padre y protector de los indios”.

Escribió una dilatada obra en favor de los derechos de los aborígenes, plena de optimismo en los valores humanos y la suprema dignidad de hombres y mujeres de estas tierras. Entre los textos que produjo, destacan: Historia de las Indias (1502-1552), Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión (1536), Apologética Historia de las Indias (terminada en 1552) y- quizás el más conocido de todos: Brevísima relación de la destrucción de las Indias, publicado en 1552. 

José Martí, el Apóstol de la Independencia de Cuba y de la causa de Nuestra América, la Patria Grande, destacó al padre De las Casas como un precursor de la liberación del continente y alabó “su medio siglo de pelea, para que los indios no fuesen esclavos; de pelea en las Américas; de pelea en Madrid; de pelea con el rey mismo: contra España toda, él solo, de pelea”.

Por su parte, nuestro inmaculado patriota, el ya casi olvidado Fray Servando Teresa de Mier, gran conocedor de la historia y obra de don Bartolomé – ya que leyó y estudió el archivo lascasiano – pidió que se levante una estatua de Bartolomé de Las Casas:“¡Americanos! La estatua de este santo falta entre nosotros. Si sois libres, como ya no lo dudo, la primera estatua debe erigirse al primero y más antiguo defensor de la libertad de América. Alrededor de ella formad vuestros pactos y entonad a la libertad vuestros cánticos; ningún incienso puede serlo más grato. Yo pondría esta o semejante inscripción: Para si amas la virtud, / pasajero: esta es su imagen. / Venera a Casas, que fue / de nuestros Indios el Padre”. 

La vida y obra de fray Bartolomé de las Casas han dejado una huella imperecedera en nuestra memoria colectiva sobre la primera invasión a América. Su figura y lucha han originado polémicas, interpretaciones y estudios encomiásticos, como el que escribió –con claridad meridiana el doctor Enrique Dussel.

 

 

Recuerdos de Hiroshima

Leonardo Pino

- 1 –

El verano del ‘45 declinaba en Hiroshima, en el delta del río Ota, cuyos siete brazos resguardan la ciudad en su centro y la divide en islotes unidos por puentes. Alrededor del puerto, los vecinos comenzaban a rociar agua en las calles y jardines para atenuar el calor; las ventanas de las casas lucían cortinas verdes de balsamina, loto y onagra que se deslizaban hasta el suelo y filtraban la luz solar. 

Era un día más en la vida de los Akira, Hikari y Sakura innumerables. Hiroshima, entonces una de las ciudades más industrializadas del Japón, honraba piadosamente su historia, su pasado y su cultura milenaria. 

Era el 6 de agosto de 1945. 

- 2 -

Ese día, exactamente a las ocho y quince minutos de la mañana, la destrucción se abatió sobre Hiroshima, ahora convertida en un doloroso camposanto de escombros, coronada por un hongo ominoso. 

En el inmenso cráter de polvo yacían más de cien mil personas de todas las edades; miles más morirían en el transcurso de los años a causa de la radiación que habían sufrido.

Por las fangosas orillas, ya no hay gente mirando la lenta subida de la marea en los siete brazos del estuario del río Ota (...) Ciudades enteras montan en cólera. ¿Contra quién, la cólera de ciudades enteras? La cólera de ciudades enteras tanto si lo quieren como si no, contra la desigualdad establecida como principio por ciertos pueblos contra otros pueblos, contra la desigualdad establecida como principio por ciertas razas contra otras razas, contra la desigualdad establecida como principio por ciertas clases contra otras clases.  (Marguerite Duras; Hiroshima, mi amor).

Un solo edificio permaneció en pie: la Cúpula de Genbaku, hoy Memorial de la Paz de Hiroshima; un árbol sobrevivió a la masacre: el ginkgo, que se cubre de hojas en otoño. 

La civilización mecánica acaba de alcanzar su último grado de salvajismo, escribió Albert Camus, dos días después de la tragedia. 

- 3 -

Tres días después de la tragedia de Hiroshima, el 9 de agosto de 1945, una bomba de plutonio destruyó la ciudad de Nagasaki, donde murieron 74 mil personas. Estos ataques nada heroicos determinaron la rendición incondicional de Japón y el final de la segunda guerra mundial. 

En la Cúpula de la Bomba Atómica, ya muy pocos hibakushas – sobrevivientes de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki – oran por la paz alrededor del Cenotafio del Memorial a las víctimas. 


 

Del huacal de letras

Doy testimonio sobre Hiroshima (frag.)

Sadako Kurihara

Traducción de Mitsuo Yoshida

 

6 de agosto de 1945

Cuando apenas empezó a brillar el sol cuando

la gente estaba por comenzar

piadosamente el día

de repente

desapareció la ciudad en un soplo de viento

la gente herida quemada siete ríos

se llenaron de muertos

aunque haya un dicho

“el que haya entrevisto el infierno

y luego hable de éste será arrastrado

al infierno por el demonio”

yo como testigo sobreviviente de Hiroshima adondequiera que me arrastre

daré mi testimonio

y cantaré con todo mi corazón

“basta de guerras en el mundo”

 

Memento

1 de agosto de 1968: El ingeniero Javier Barros Sierra, rector de la UNAM, encabezó una multitudinaria marcha en protesta por el desalojo de los estudiantes en San Ildefonso, ocurrido dos días antes. Decenas de miles de estudiantes –algunos cálculos estiman la asistencia en cien mil – politécnicos, normalistas y de la Universidad Autónoma de Chapingo, marcharon junto con el rector, profesores, alumnos y funcionarios de la Universidad Nacional Autónoma de México.

La autonomía de la universidad es, esencialmente, la libertad de enseñar, investigar y difundir la cultura. Estas funciones deben respetarse. Los problemas académicos, administrativos y políticos internos, deben ser resueltos, exclusivamente, por los universitarios. (…) "Señores: ya no puedo agregar sino esto, ¡Viva la Universidad!, ¡Viva el Politécnico!, ¡Vivan las instituciones hermanas!, pero por encima de todo, ¡Viva México!”

El 8 de agosto del mismo año, se crea el ya mítico Consejo Nacional de Huelga.

 

2 de agosto de 1945: Muere en la Ciudad de México José Juan Tablada, poeta y periodista. Su poesía forma parte de la corriente modernista. Creó haikús, poema japonés breve, de 17 sílabas distribuidas en tres versos. El más conocido de los escritos por Tablada, es Saúz (sauce): “Tierno saúz, / casi oro, casi ámbar, / casi luz”.

 

 

Para saber:

Bartolomé de las Casas

Nació en Sevilla, en el año de 1474 y murió el 18 de julio de 1566.

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