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Guelaguetza 2025: así deslumbró la Fiesta Grande de El Cerrito en Zaachila

Foto(s): Citlalli López Velázquez
Citlalli López Velázquez

Cientos de espectadores fueron cautivados con la “Fiesta Grande del Cerrito” de la Villa de Zaachila en la octava de la Guelaguetza 2025. 

La zona arqueológica fue escenario de un derroche de color, música, talento y magia de las ocho regiones latiendo al grito de ¡Viva Oaxaca!

Con el cerro como gradas y el sol bañando en plenitud, la gente se entregó al canto de Tlaxiaco y su canción mixteca, se emocionaron al baile de las chinas Oaxaqueñas y se conmovieron con el pasito pausado de San Francisco Ixhuatán.

La fraternidad y convivencia voló en forma de tlayuda y pan, corrió entre caballitos de carrizo en sorbitos de mezcal.

Bocanadas de aire fresco hicieron sus travesuras en más de uno de los paraguas levantados entre el público para cubrirse del sol. 

La tarde transcurrió acompañada con los aplausos de fiesta y alegría. Y estalló frente al sincrónico baile de la Flor de Piña.

Tepache y tamales fueron el signo de convivencia y hermandad de la población hacia la concurrencia apiñada palmo a palmo en el cerrito frente a la Diosa Pitao Cozobi.

Los zancudos de Zaachila, hombres de la gente nube, dieron muestra de su equilibrio y algarabía. Sin tocar la tierra con los pies bailaron el Jarabe del Valle bajo la chispa de los cuetitos de luz. Su extraordinaria habilidad arrancó la sorpresa del público en los más sinceros aplausos.

De la sierra que abraza el cielo se alzó Betaza con sus sones y jarabes, expresión musical de la comunidad zapoteca. La tarde avanzó y con ella toda su plenitud plasmada el zapateado moreno, en los olanes de las faldas, en el rebozo abrazadito al cuerpo y los acordes de los sones y jarabes.

En su recorrido llegaron hasta la región del Istmo de Tehuantepec y su ritmo de hamaca. Con el huipil floreciendo las mujeres se impusieron en el baile de la mayordomía.

Salpicados por el inquieto sol la delegación de la Costa brilló alegre y jocosa con el zapateado de la chilena.

Los sombreros de palma agitados al aire dieron pie a las notas de la canción mixteca y con ello un ambiente melancólico se extendió en el cerrito.

El sol moría en el horizonte, pero en el cerrito la fiesta continuó sin dar tregua al cansancio o a la tristeza, porque así es la fiesta grande de Zaachila, toda armonía, estampa multicolor del corazón de Oaxaca.

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