Narrado en amuzgo, lengua originaria del director, este filme es un homenaje a la resistencia de una comunidad que ha preservado, generación tras generación, el arte del telar de cintura: huipiles, rebozos y manteles, símbolos cargados de identidad y saberes ancestrales. Es la ópera prima de Ismael Vásquez Bernabé, originario de San Pedro Amuzgos. “Hilando Sones” es un documental que entrelaza la historia, la memoria y la cultura de este municipio también conocido como el pueblo de hilados.
La fecha de estreno de la película es el 25 de julio, cuando llegará a los cines de México bajo el sello Artesio Distribución; a Oaxaca llegará el sábado 26 julio en una función con presencia del talento, que exhibirá el Teatro Juárez. Financiado por National Geographic y el Festival de Cine de Sundance, “Hilando Sones”.
Los secretos del hilado
En la Sierra Sur de Oaxaca, entre montañas verdes y caminos de tierra, se encuentra San Pedro Amuzgos, donde mujeres expertas tejedoras transmiten de madres a hijas los secretos del hilado. Cada diseño habla de sus antepasados y de su visión del mundo. Mientras ellas tejen, los hombres cultivan la tierra y algunos, de forma autodidacta, se entregan a la música.
Ahí nació Ismael, donde aprendió amuzgo y escuchaba los relatos de tías y tíos mientras dibujaba en su mente las escenas: un río, un campesino caminando entre las hojas, una nutria cuidando a su cría. Ese imaginario es ahora la materia prima de su cine.
Con una espléndida fotografía que captura la belleza y serenidad de la vida cotidiana en su comunidad, Hilando Sones nos permite asomarnos a su mundo: un pueblo que resiste y se reinventa, cuidando su legado cultural como quien cuida los hilos de un telar.
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Tres historias entrelazadas
La película entrelaza tres historias fundamentales: la de Zoila, madre del director; la de Donato, legendario violinista del pueblo y la de Lorenzo, su heredero. Donato fue parte esencial de la infancia de Ismael: “Su música me fascinaba y siempre quería estar cerca de él cuando tocaba”, cuenta. Pero tras la muerte de Donato, también se fue su música: nuevas religiones declararon pecado esas celebraciones y el silencio cayó sobre las festividades del pueblo.
“Esa música me transmitía algo bello que quería compartir con mi comunidad. Así nació este proyecto cinematográfico: para que otras personas también puedan conocer la magia de Donato”, explica Ismael.
“Hilando Sones” es, en esencia, una defensa de la memoria. Lo que no se cuenta, desaparece. Ismael cuenta para preservar: lo que se perdió, lo que perdura, lo que puede recuperarse. Y con ello abre camino para otros cineastas indígenas y sueña con que en sus próximos proyectos haya cada vez más técnicos indígenas.
Los reconocimientos
La película ha recibido importantes reconocimientos: Mención Honorífica en Hot Docs 2024 (Canadá), Selección Oficial del Festival Internacional de Cine de Guadalajara 2024, del Festival Internacional de Cine de Morelia 2024, del Festival Zanate 2024 y fue elegida para representar a México en el summit de la Cumbre del G20 en Río de Janeiro, noviembre de 2024.
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Conócelo
Ismael Vásquez Bernabé es un cineasta indígena comprometido con narrar historias que preserven la dignidad y la voz de su pueblo. A sus 35 años ha transitado múltiples oficios: fotógrafo, camarógrafo, barista, artista plástico y asistente en el telar de su madre, Zoila, protagonista de su ópera prima documental Hilando Sones (2025).
Originario de San Pedro Amuzgos, Oaxaca, Ismael creció entre las historias tejidas en amuzgo, su lengua materna, cuyas metáforas y tonos musicales alimentaron su imaginación desde niño. Escuchaba relatos con sus hermanas y visualizaba escenas que luego dibujaba en su mente: un río, un campesino entre hojas, una nutria cuidando a su cría.
Su camino como cineasta no siguió rutas previsibles. La electricidad llegó a su calle cuando tenía ocho años; a los doce, su madre pudo comprar un televisor con el dinero de la costura. Las primeras imágenes lo cautivaron y en sus ratos libres comenzó a pintar. Más tarde descubrió la fotografía fija: la posibilidad de capturar en un instante aquello que antes le tomaba semanas pintar lo sedujo por completo.
Su formación ocurrió entre su hogar y la escuela de mestizos, donde su madre, decidida a que aprendiera español y accediera a mejores oportunidades, insistió en inscribirlo. Allí enfrentó discriminación y burlas, pero también desarrolló una resiliencia heredada de su madre: valorar su lengua y su cultura, incluso si dolía.
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En la secundaria ya se movía con soltura entre mundos: amistades indígenas y mestizas, trabajos en fotografía y su primera obra audiovisual a los 16 años: una animación hecha en PowerPoint. Todo lo aprendía de manera autodidacta y en los talleres de La Claqueta A.C.
Entre los 18 y 22 años se formó en UNISUR, un proyecto universitario radical para pueblos campesinos de Guerrero, donde descubrió que el lenguaje audiovisual era la forma más poderosa para expresar su mirada del mundo. Allí comenzó a narrar historias en su lengua, desde su cosmovisión.
Para sostenerse, trabajó haciendo fotos y videos de bodas y cumpleaños. A los 23 años se mudó a Ciudad de México, invitado como pasante en clases de fotografía. Allí también trabajó en la Cafetería y Librería Marabunta, un espacio clave para la intelectualidad y el arte latinoamericano.
En 2016 fue seleccionado en Ambulante Más Allá, lo que le permitió profesionalizar su formación y dirigir su primer cortometraje: “Nkwí Nàya Tónko: Compromiso de palabra”, sobre un flautista de su pueblo.
En la Cafetería Marabunta conoció a la escritora Alaya Dawn Johnson, quien lo animó a presentar su proyecto de largometraje documental a National Geographic. Sin grandes expectativas, lo postuló. Meses después recibió un correo: había sido seleccionado y comenzaba la aventura de “Hilando Sones”. El proyecto también obtuvo respaldo de Sundance y otros financiadores, consolidándose paso a paso.
