Santa María Atzompa.- La atmósfera de “Maroma” significó un viaje onírico en el que el público soñó colectivamente. Desde su llegada a la ex hacienda San José Espacio Cultural, los espectadores fueron transportados a un mundo mágico, etéreo y poético.
Frente al gavillero de la ex hacienda, se crea un escenario que evoca un antiguo panteón rural, actores, músicos y acróbatas dan vida a un relato que se mueve entre lo real y lo fantástico. Objetos, vestuario y notas musicales relatan una historia ancestral, en torno a un maromero que murió de tirisia. La poética en torno a esta tristeza recalcitrante guía a los personajes; la orquesta a su vez, en cada trozo musical desata emociones. A la batuta, Rubén Luengas, el director que a su vez compuso estos fragmentos.
Espacio se transforma
El espacio se transformó con la escena, invitando al público a cruzar el umbral de la memoria hacia un universo lúdico y conmovedor. Desde los primeros minutos, los actores y los músicos captan la atención del público para luego hacerlo pasar al gavillero y ahí disponerse a concretar la experiencia. Desde ahí la hilaridad cobra vida y oscila con momentos de nostalgia.
Las actuaciones son de Fernando Reyes, Cristian David y Diego Santana. La obra cuenta con música en vivo interpretada por Pasatono Orquesta, bajo la dirección de Rubén Luengas, uno de los máximos exponentes de la música mixteca contemporánea.
Debes saber que las piezas han sido compuestas especialmente para esta obra a partir de una investigación sobre los sonidos tradicionales de la maroma en la región, logrando un tejido sonoro tan evocador como innovador, además de que Pasatono está sonando mejor que nunca.
Más que una obra teatral
Si asistes a esta experiencia sabrás que “Maroma” es mucho más que una obra de teatro. Es un ritual escénico, una fiesta poética, una invitación a vivir Oaxaca desde su raíz cultural más profunda.
Este fin de semana acaban de ocurrir cuatro de las ocho funciones que tiene esta temporada, mismas que suceden en un espacio íntimo y con cupo muy limitado, resulta una oportunidad única para el visitante que busca un turismo sensible, artístico y transformador, además de quien se decanta por algo distinto al programa de la Guelaguetza y quiere vivir experiencias interesantes.
