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El lector furtivo: Libro del Buen Amor

libro_amor
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Rafael Alfonso

“Como dice Aristóteles, cosa es verdadera:

El mundo por dos cosas trabaja: la primera,

Por haber mantenencia; la otra cosa era

Por haber juntamiento con hembra placentera”.

La gran mayoría de los datos biográficos sobre Juan Ruiz (1284- 1351), son producto de la conjetura, por lo precario de las documentaciones de la época. Es probable que naciera en Alcalá de Henares, aunque Alcalá la Real se disputa también la cuna del poeta. Como suele ocurrir en estos casos, ambas ciudades esgrimen argumentos de todo tipo para sostener su dicho, aunque ambas se sienten aludidas por el verso que pone en boca de la Trotaconventos: “Fija, mucho os saluda uno que es de Alcalá”. 

Juan Ruiz fue clérigo y fungió como arcipreste, es decir, como administrador de un conjunto de parroquias, en la ciudad de Hita, de ahí el nombre por el que es conocido mundialmente. Se le reconoce como autor de una sola obra El libro de Buen Amor y se dice, como parte de su leyenda, que fue encarcelado en el convento de San Francisco de Guadalajara, por orden del Arzobispo de Toledo, esto como sanción por su trabajo poético.

El libro de Buen Amor es producto del “mester de clerecía” (versos compuestos por religiosos) que, a diferencia del “mester de juglaría”, eran versos compuestos por juglares callejeros. Aunque se trata por definición de literatura religiosa, el libro lo es, pero en una variante particular, ya que en él se incluyen temas profanos (como el erotismo, poco o nada velado) y una buena dosis de humor picaresco. 

Lo anterior hizo de éste un libro muy popular, fuente inagotable de recursos literarios, incluso para los juglares y trovadores a los que el autor imitaba. Es también una de las primeras obras en ser traducidas (encontrándose fragmentos de ésta en portugués y francés) y a lo largo del tiempo ha sido actualizada para adaptarse a los cambios propios del idioma español.

El contenido de la obra es misceláneo e incluye composiciones religiosas como versos en honor de la Virgen María y sátiras como “La batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma”. Estas composiciones imitaban en su forma a aquellas que trovadores y juglares entonaban en las ciudades medievales para solaz de nobles y plebeyos. Contiene también una autobiografía de carácter ficticio en la cual se relatan (recordemos que la escribe un sacerdote) los amores del autor con varias mujeres de diferente clase y condición, muchas de las veces ayudado por los oficios de una alcahueta profesional conocida como la Trotaconventos, antecedente literario de La Celestina.

El libro de Buen Amor, tiene una importancia capital para la literatura en idioma castellano. Una de las intenciones formales del autor era versificar en todos los géneros entonces conocidos de la poesía. El libro es producto de una redacción de muchos años que fue revisada por última vez en 1343, según lo afirma el propio autor en una copia manuscrita.

A la muerte del arcipreste no había un nombre definitivo para esta colección de versos. El título por el que hoy se le conoce se le debe al medievalista español Menéndez Pidal, que retoma para ello el verso que reza “Buen Amor´ dixe al libro”.

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