Rafael Alfonso
En medio de mi convalecencia por algunos problemas de salud que me aquejaron, me hice acompañar de una pizarra mágica y recordé que hace poco más de 100 años, a 25 de haber escrito La interpretación de los sueños, Sigmund Freud escribió un curioso texto titulado precisamente Nota sobre la pizarra mágica. En éste, el padre del psicoanálisis manifiesta su entusiasmo por este juguete que aún hoy en día, en sus diferentes versiones es posible encontrar en alguna juguetería. El artilugio descrito por Freud, de manera similar al que tengo en mis manos, permitía al usuario escribir o dibujar sobre una pantalla un número ilimitado de ocasiones y borrar lo trazado cuantas veces fuera necesario.
El punto de interés
Curiosamente el interés de Freud no radicaba en lo que fuera escrito sobre la pizarra, sino en esas curiosas huellas que sin querer permanecían sobre la filmina de acetato y que no podían borrarse del todo. “Esta hoja es la parte más interesante del pequeño aparato” decía Freud. En esa pequeña capa estaban contenidos todos los trazos que se hubieran hecho sobre la pizarra y examinándola con atención era posible descubrirlos —claro que superpuestos, borrosos, deslavados—, en fin, eran pequeños rastros de la actividad sobre la pantalla, pero que permanecían ahí, imposible de ser borrados.
Viene esto a cuento porque todo lo referente al psicoanálisis tiene una base fisiológica. Para Freud quien era médico, neurólogo y fisiólogo era de vital importancia que se reconociera que su joven ciencia, como él llamaba al psicoanálisis, estaba construida sobre bases materiales, en este caso el organismo humano. La pizarra mágica servía de alguna manera como una analogía de lo que sucedía en la vida psíquica: toda nuestra actividad psíquica deja una huella que se esconde en lugares profundos e insospechados y que sin embargo es posible rastrear si se pone especial cuidado en hacerlo. La actividad psicoanalítica se dirige hacia esas representaciones que alguna vez ocuparon la plena conciencia pero que ahora, por el tiempo parecieran quedar sepultadas por la actividad posterior y en donde muchas veces se encuentran las claves para aliviar los muchos malestares que aquejan a la psique humana.
Si Freud no hubiera muerto
Han pasado ya muchos años desde la muerte de Freud, pero con este antecedente de la pizarra mágica no puedo sino imaginar el gran entusiasmo que se hubiera despertado en él de haberse anoticiado del desarrollo de la informática y la computación, sobre todo por la estrecha relación que existe entre memoria y sustrato material. Por el momento podemos afirmar que Freud no se equivocó en cuanto a qué toda la actividad psíquica tenía un sustrato fisiológico, por supuesto en su época, como en esta, aún no era posible dar respuesta a la pregunta de dónde se encuentra el inconsciente o dónde quedan reservados los contenidos inconscientes de la actividad psíquica. Hoy mismo, todavía tenemos que inferir ésta, como en su momento debió inferirse la existencia de algunos cuerpos celestes que debieron esperar muchos años para ser vistos por un telescopio, sin embargo, algunos sabios pudieron advertir mucho antes sus efectos sobre las órbitas de otros cuerpos celestes, a partir de cálculos matemáticos. De la misma forma la actividad psíquica humana tiene efectos palpables sobre todo lo que es humano. Ese es el ámbito de nuestro quehacer.
¿Quieres saber más? Escúchanos por Vasconcelos Radio este viernes a la una de la tarde. Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/ 951 132 85 34 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.! Síguenos en Facebook: Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica A.C.-INEIP
