Alejandro José Ortiz Sampablo
En esta ocasión espero me disculpen amables lectoras y lectores, por carga de trabajo no me fue posible darle continuidad a la serie que corresponde en la presente nota. Pero me permitiré la licencia de compartirles una que estoy seguro será de su interés.
La contracción de neurosis
En ciertas ocasiones, preguntas que me realizan me colocan en situaciones complicadas, como el caso de la inquietud de una madre referente a la trascendencia de un juego inocente entre ella y su pequeño. El constructo teórico que me ocupa contempla una vida interna, de la que obtenemos noticia por sus exteriorizaciones, una de ellas es la conducta. Por otro lado, es la teoría de la frustración como principal ocasionadora de la neurosis la que mayormente se ha difundido, por ser común y fácil de discernir.
Sin embargo, Sigmund Freud en su escrito Sobre los tipos de contracción de neurosis, expone: “sobre la base de impresiones obtenidas empíricamente, los cambios de condiciones que son los decisivos para que en las personas predispuestas estalle una neurosis”. La tercera de dichas condiciones ahí descritas podría brindarnos supuestos a lo que se podría estar gestando con el pequeño aludido.
Un juego inocente
A mi hijo le gusta darme nalgadas, así jugamos en la casa, pero ahora le ha dado por darle de nalgadas a sus compañeros y lo peor, a las maestras, ya van varias quejas que recibo por este motivo. Hemos hablado con él para decirle que no puede hacer eso en la escuela, que nomás en la casa y solo si estamos jugando, pero no entiende, seguimos recibiendo las quejas de la escuela.
Este tipo de juegos es común entre madres e hijos, son motivo de despertar los más tiernos afectos y risas. En este caso, lamadre no contempla lo que al pequeño lo motiva, mucho menos la intensidad afectiva y erótica que deposita en tales acciones. Mencionar esto y romper la ilusión de una acción que pudo nacer de la inocencia del niño, es buena razón de rechazo a las teorías psicoanalíticas. La satisfacción que alcanza el niño en nalguear a la madre lo rebasa, podríamos pensar que la encargada —inicial— de mediar las impulsiones del niño con el mundo exterior comete el equívoco de no suponer el contenido sexual y por tanto un ímpetu de tal magnitud que es imposible el niño logre dominar. Es por lo que cualquier plática con el niño al respecto no funciona.
La tercera condición para que en el adulto estalle la neurosis, Freud la describe como el enfermarse por una inhibición del desarrollo, cuyo conflicto impone superar las fijaciones de la infancia. De no ser así, el desenlace no sería la neurosis, si no un infantilismo estacionario.
En este trabajo Freud propone que es en la infancia donde se puede alcanzar una fase de salud, la capacidad de goce y rendimiento restringidas. De no ser así, eventualmente la libido no abandonará las fijaciones infantiles, donde la exigencia de la realidad no se presenta de improviso. Para hacer frente a tal fuerza infantil, se requiere una fuerza mayor, la cual sin duda no será bien recibida por el pequeño. La manera de ejecutar tal acción depende también de la disposición amorosa de parte de los progenitores.
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