Alejandro José Ortiz Sampablo
Por el recorrido en el que me han acompañado, queridos lectores y lectoras, podrán apreciar que al intentar explicar el por qué para el creador del psicoanálisis fue necesario tomar un concepto como el de Instancia para nombrar a las partes de su aparato anímico —en específico al Yo—, sólo hemos obtenido atisbos. Por otro lado, he de requerir nuevamente de su paciencia, pues estamos por iniciar un nuevo camino, que nos permitirá contar con otra perspectiva de la Instancia psíquica, el Yo, pero ahora, el de la enamorada.
El amor en la mujer, paradojas
La información de la carta no nos permite decantar que es lo que ella vivió en la relación con su amor fugaz, el cual se entiende, por los datos brindados por él, duró poco menos de un mes. Pero antes de adentrarnos y al no tener la suficiente información, será necesario recurrir al conocimiento que hemos obtenido al paso del tiempo de la vida amorosa de las mujeres, de la que sólo podremos tomar aquella que no devane en exceso lo que pudo acontecer en la dinámica psíquica de la involucrada.
Empecemos por acercarnos lo más posible a los ideales del amor de las mujeres. En el caso de que consideren que esta información es falsa, no duden en objetar. Por otro lado, les pido que no olviden que este recorrido nos acercará desde otro vértice a la elucidación del tema que nos ocupa. Tomemos como punto de partida aquello que a las mujeres se les escucha decir sobre el amor (vida erótica), que al parecer sólo ha variado muy poco al paso de los años. ¿Pero desde qué edad? Para no entrar en la discusión de que la vida amorosa se presenta desde la más tierna infancia, tomemos como punto de partida los años de secundaria. ¿Qué es lo que ellas dicen del amor y de su posible enamorado? ¿de quién se enamoran? ¿del chico tierno, respetuoso, del aplicado en las clases? ¿del callado, del bien portado? ¡No! Es bien sabido que ese tipo de chicos no son atractivos para ellas; sin embargo, en muchos casos, cuando hablan de su ideal de enamorado, enlistan características que se pueden englobar en las mencionadas.
Es en dicha edad donde se comienzan a vislumbrar las paradojas de la vida amorosa de las mujeres, para el amor piden, desean, un ideal y escogen otro, como si estuviesen divididas. Es en este tipo de fenómenos psíquicos donde queda de manifiesto, lo que llamamos una escisión del Yo, como si la persona tuviese dos personalidades, una que habla de lo que desea y otra que ejecuta, en este caso no tal deseo, sino incluso lo opuesto a este. No es que dicha personalidad esté en contra del deseo o que esté en contra de lograrlo, como una especie de castigo, lo que descubrió Sigmund Freud, es que hay una parte del mismo Yo que desea algo más, sólo que este deseo se opone al mencionado, por ello la necesidad de un concepto que permita nombrar dicha escisión del Yo.
Continuará el próximo sábado…
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