Rafael Alfonso
El pasado 13 de mayo de este año tuvo lugar un hecho lamentable, Valeria Márquez, una figura de las redes sociales que gozaba de gran popularidad fue asesinada mientras llevaba a cabo una transmisión en vivo, pues su ocupación era precisamente la producción de contenido audiovisual para distintas plataformas donde ella aparecía como protagonista, básicamente dando consejos de belleza. Las peculiares circunstancias de su muerte contribuyeron a su viralización. En cuestión de horas la imagen de la joven dio la vuelta al mundo. A partir de este hecho voy a permitirme algunas consideraciones acerca del impacto de la violencia en los espectadores.
Violencia social
La fascinación por la sangre, la crueldad y la violencia ha acompañado al hombre desde el inicio de los tiempos y hemos de suponer que formó parte constitutiva de su devenir en el mundo. En algún momento de la prehistoria humana se instauraron los tabúes tanto del incesto, como del homicidio, dando paso al totemismo, una organización social donde ambos tabúes sentaron las bases para el desarrollo de la civilización.
Como es de suponerse, el homicidio nunca desapareció del todo, pero dejó de ser la norma bajo la cual se alcanzaban los objetivos, con base al llamado derecho natural (la ley del más fuerte). Por supuesto, cada sociedad tramitó su relación con el homicidio de manera distinta. Muchas de ellas ritualizaron la muerte del semejante abriendo campos en los cuales dicha acción se podía ejecutar de manera legal, porque la sed por ver sangre simplemente no cesa de acuciarnos.
Sacrificios rituales, ejecuciones públicas, duelos a muerte, la fiesta brava, peleas de gallos y, de manera sublimada, los deportes de contacto y las ficciones audiovisuales como el teatro, el cine y los videojuegos, hacen representaciones de la muerte y han estado acompañándonos a lo largo de nuestra historia, como resabios de aquellas costumbres totémicas.
La muerte de la doncella
La relevancia pública de la víctima del caso que nos ocupa desató una amplia demanda de todo lo relacionado con este desafortunado evento. El video no sólo fue reproducido hasta la saciedad sino que dio pie a todo tipo de subproductos como reels y los consabidos memes. La sociedad, ávida de ver y de opinar al respecto del suceso, como se deja ver por gran parte de los comentarios, se ceban sobre la joven mujer, revictimizándola, hablando en términos nada halagüeños de su actividad pública y especulando sobre los oscuros motivos de su homicidio. Muchos de esos comentarios denigrantes debieron provenir de quienes, apenas unos días antes, daban like a sus publicaciones.
Todo ello forma parte del tejido social y deja entrever que, así como en cada ser humano afloran por momentos algunos rasgos primitivos de su personalidad, en todas las civilizaciones asoman los restos de barbarie.
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