El cobro de impuesto a las remesas, como se propone en Estados Unidos, podría no solo reducir el monto de dinero que llega a las familias mexicanas desde el extranjero, sino también provocar la expansión de canales informales de envío, advirtió la economista Ana Luz Ramos Soto, catedrática de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO).
“Ellos van a seguir enviando dinero, porque la necesidad está acá”, afirmó.
Sin embargo, explicó que el impuesto —propuesto recientemente con un porcentaje de hasta 5%— provocará que las remesas que lleguen por vías formales se reduzcan, afectando directamente a las comunidades receptoras, entre ellas Oaxaca, Puebla y Michoacán, entidades que encabezan el ingreso de remesas en el país.
Ante el nuevo escenario fiscal, los migrantes podrían recurrir a canales informales para hacer llegar el dinero: mediante conocidos, familiares que viajan o incluso a través de métodos no registrados por el sistema financiero.
“Va a haber remesas informales, ahorro informal, un sector financiero que no se registra oficialmente, pero que circulará en la economía local”, explicó.
Uno de los primeros sectores en resentir esta caída será el de la construcción.
“Es uno de los indicadores que más se mueve con el envío de remesas. Si deja de haber obra, si la gente deja de construir o remodelar, vamos a saber que las remesas ya no están llegando igual”, subrayó la economista.
El otro indicador, señaló, será el consumo: si el flujo de dinero formal cae, pero las familias siguen gastando como si nada hubiera cambiado, será una señal de que las remesas están llegando, pero por vías no registradas.
La académica advirtió que el mayor beneficiado con el cobro de aranceles sería Estados Unidos, país desde donde se envía la mayor parte de las remesas.
“Lo que se recaude por ese impuesto se quedará allá, para su gasto público. Nosotros no lo vamos a ver reflejado en infraestructura ni en apoyo a las pymes. Al contrario, aquí las pequeñas empresas están cerrando por la carga fiscal”, subrayó.
En este sentido, consideró que el gobierno mexicano no ha dimensionado correctamente la pobreza crónica que vive una gran parte de la población, la cual depende directamente del dinero que envían sus familiares migrantes.
“Las políticas actuales apenas colocan a las personas por encima de la línea de pobreza, pero no les sacan de ella. Y cuando los programas terminan, vuelven a caer en pobreza absoluta”, lamentó.
Ramos Soto fue enfática al señalar que, pese a las medidas fiscales, los migrantes seguirán enviando dinero.
“Así como los peregrinos llegan de rodillas o a pie a Juquila, porque tienen una fe inquebrantable, los migrantes seguirán enviando remesas, aunque eso les signifique privarse aún más en su día a día. Ellos sacrifican su presente para que sus familias puedan vivir mejor”, dijo.
