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Una sociedad sin madres sería inhumana señala Obispo Auxiliar en Oaxaca

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Foto(s): Octavio Vélez Ascencio
Octavio Vélez Ascencio

Una sociedad sin madres sería una inhumana, porque ellas siempre saben demostrar, incluso en los peores momentos, ternura, dedicación y fuerza moral, afirmó el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca, Luis Alfonso Tut Tún.

 “Una madre es como un gran árbol, que te da todos sus frutos, no importa cuántas veces preguntes, siempre encontrarás una, te da el fruto, la flor, la hoja. Por ti se despoja de todo, incluso las ramas serán cortadas”, aseveró.

Durante la homilía de la Misa en Acción de Gracias por el Día de las Madres, que celebró en la Basílica Menor de Nuestra Señora de La Soledad, el pastor religioso aseguró que una madre todo lo entiende, todo lo perdona, todo sufre, todo cede. 

“No escoge ninguna flor para su corona. Puedes pasar junto a ella como si fueras un extranjero, puedes lastimarla por todas partes, ella te dirá siempre: buena suerte. Una madre es este misterio. Gracias, mamás, gracias heroínas valientes, fuertes, humildes, sencillas, que en medio de dificultades sorprendentes supieron sacar adelante a sus hijos.”, anotó.

Sostuvo que en la madre existe un vínculo entre el amor y la entrega, entre la entrega y el sacrificio. 

“Mamá todavía dice una forma que acoge una tarea y una tarea que implica renuncia. Las madres, dispuestas a ser tantos sacrificios por sus hijos, deberían ser escuchadas más por esta sociedad, que parece estar sorda en sus instituciones de diferentes niveles”, agregó.

Por eso, expuso que todos deberían entender más sobre su lucha diaria por ser eficientes en el trabajo y ser más atentos y cariñosos con las madres en casa, afuera, en la calle, en el trabajo. 

“Deberíamos comprender mejor a que aspiran para expresar los mejores y más auténticos frutos de su empoderamiento femenino, que las hace ser más mujeres, buenas mujeres”, asentó.

Subrayó que las verdaderas madres son quienes siempre se conforman con poco, pero saben hacer mucho, quienes lloran en secreto y derraman sus lágrimas a solas.

“Gracias a ustedes, mujeres madres, que aun después del parto, son vientre del ser humano en la alegría y en el dolor de una experiencia única, que les hace ser sonrisa de Dios para el niño que nace, les hace guía para sus primeros pasos, apoyo para su crecimiento, punto de referencia en el camino sucesivo de la vida. Todas las madres del mundo son más bellas cuando sostienen a un niño cerca de su corazón”, agregó.

Destacó que las madres también transmiten el significado más profundo de la práctica religiosa, porque en las primeras oraciones, y en los primeros gestos de devoción de un niño, se escribe el valor de la fe en la vida de un ser humano. 

“Es un mensaje que las madres creyentes saben transmitir sin demasiadas explicaciones. Las explicaciones vendrán después, pero la semilla de la fe está en esos primeros y preciosos momentos que una madre vive con sus hijos”, anotó.

Ante esto, Tut Tún dijo que sin madres, no sólo no habría nuevos creyentes, sino la fe perdería mucho de su calidez sencilla y profunda.   

“Queridas madres, gracias, gracias por lo que son en la familia y por lo que dan a la Iglesia y al mundo”, finalizó.

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