Alejandro José Ortiz Sampablo
En la nota que antecede de la presente serie brindé unos datos que nos permiten observar una de las consecuencias, en lo social, del ejercicio de la sexualidad de mujeres y hombres, misma que a su vez desemboca en más.
El significado de las palabras y su olvido
En notas anteriores acordé con ustedes, amables lectoras y lectores, que daría un poco de luz al respecto de aquello que del Yo de la involucrada no se encuentra a la vista en la pequeña historia de amor de la cual nos anoticiamos por la misiva pública que él escribe. Pero psicoanalista, usted nos dijo —según la carta— que todo sucedió en menos de un mes. ¿A eso se le puede llamar historia de amor? De antaño a este tipo de encuentros y desencuentros se les conoció como historias de amor, indistintamente el tiempo de caducidad, podíamos nombrar a la y al involucrado como, los enamorados, pero pareciera que hoy, a dicha palabra se le teme nombrarla. Ejemplo de ello podemos brindar desde la experiencia clínica psicoanalítica, así como lo deja atestiguado el involucrado en lo escrito en un fragmento de la carta mencionada.
“[…]yo decidí involucrarme personalmente con ella porque sentí compatibilidad, atracción y cariño, iniciando ambos por decisión propia una relación abierta consensuada; pasaron los meses y nunca establecimos una relación formal”. He dicho que elucidaría lo que de la entidad psíquica llamada Yo de la involucrada está fuera de nuestra mirada, y sin embargo, pareciera que a cada paso que pretendo dar en dicha empresa me detienen los nuevos elementos que arroja el análisis, en este caso de la frase que hemos abordado desde otras perspectivas.
Las trampas del Yo
Lo que el involucrado menciona sobre su decisión del por qué decidió involucrarse, en épocas pasadas se le nombraba de otra manera. Es sabido que en la circunstancia que él menciona, la erótica, el hombre se involucra solo de dos maneras, la tierna y la sexual. He de mencionar que explicar estas dos vertientes me coloca en una situación incómoda, pues podría pensarse que todo hombre debería saber de qué se trata cada una. La primera es la que se encuentra más cercana al concepto de el enamoramiento, pero si aceptamos tal conexión cometeríamos una imprecisión del concepto. En tanto a la segunda no se requiere de ciencia para deducir que es aquella donde el hombre solo pretende alcanzar su goce sexual con dicha mujer. Sin embargo, él no dice cuál fue su intención con ella, sólo se ajusta a decir “[…] porque sentí compatibilidad, atracción y cariño”. Hemos de suponer, por lo dicho palabras más adelante, que su intención, como en el idioma mexicano se diría, sólo era la de cogérsela. ¿se lo habrá dicho con esa claridad a la enamorada, o es algo que se dio por obviado? Es en este punto donde podremos deducir lo que al Yo de ella le pudo acontecer.
Así mismo podremos observar que, cuando se trata de asuntos de amor, no hemos de encontrar la explicación para el hombre y la mujer en los mismos terrenos de lo psíquico, por lo que, si deseamos precisión en los conceptos, como amor y enamoramiento, hemos de tomar en cuenta la diferencia sexual.
Continuará el próximo sábado…
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