El cierre de las válvulas que suministran agua a la capital de Oaxaca por parte de habitantes de San Agustín Etla expone el desorden y la falta de transparencia en el manejo del recurso hídrico, advirtió Juan José Consejo Dueñas, director del Instituto de la Naturaleza y la Sociedad de Oaxaca (INSO).
“El uso intensivo de pipas, la incertidumbre derivada de no contar con una Ley de Aguas Nacionales actualizada... Todo contribuye a que las reglas del juego sean poco claras. En esta confusión, es fácil que surjan conflictos como el que estamos viendo. No debería sorprendernos”, afirmó el ambientalista.
Consejo Dueñas explicó que la suspensión parcial de una de las principales fuentes individuales de agua en condiciones de sequía agrava una crisis ya existente. Actualmente, dijo, el flujo de agua apenas alcanza los 300 litros por segundo, por lo que el cierre de esta llave principal podría derivar en una crisis de suministro en la capital del estado.
Aunque el conflicto tiene un componente local —relacionado con la negociación de apoyos gubernamentales a cambio de la dotación de agua— su evolución es imprevisible, alertó. "Se esperaría que la autoridad, en este caso SAPAO, actúe con rapidez para resolverlo", indicó.
Para el director del INSO, la raíz del problema no solo radica en este conflicto puntual, sino en un manejo discrecional del agua convertido en mercancía, la falta de gobernanza clara y la inexistencia de mecanismos efectivos de resolución de conflictos.
"La falta de regulación efectiva, la inequidad en el acceso y la opacidad en la administración del recurso agravan la crisis hídrica que enfrentamos", sostuvo. A esto se suma la ausencia de una nueva Ley General de Aguas y la incertidumbre derivada de reglas poco claras que permiten el uso intensivo de pipas y concesiones desordenadas.
Frente a este escenario, Consejo Dueñas urgió la creación de un plan integral de abasto de agua para la zona metropolitana de Oaxaca que contemple no sólo la búsqueda de nuevas fuentes, sino también la reparación de fugas, la regulación de extracciones subterráneas, la revisión de tarifas y concesiones, así como ajustes en el uso agrícola del agua.
“La tendencia ha sido pensar en traer agua de otras zonas, como la Sierra Juárez o Sola de Vega, pero depender de fuentes distantes es riesgoso. Si tenemos problemas con San Agustín, que está a unos kilómetros, ¿qué pasaría si dependiéramos de una fuente a cien kilómetros?”, cuestionó.
Respecto al papel de la ciudadanía ante la incertidumbre, señaló que la organización social es fundamental para exigir la implementación de un verdadero plan de gestión integral del agua. A nivel doméstico, recomendó acciones como revisar y reparar fugas, instalar sistemas ahorradores, reutilizar el agua, cambiar dispositivos de consumo y aprovechar la próxima temporada de lluvias para cosechar agua.
Finalmente, advirtió que la actual crisis de abasto no es un hecho aislado, sino un síntoma de problemas estructurales históricos que se agravan en periodos de sequía y conflictos territoriales. “Son señales de un problema profundo que no hemos resuelto”, concluyó.
