Alejandro José Ortiz Sampablo
Cuarta parte de cinco
En la nota que antecede de esta serie, mencioné al respecto de ciertos terapeutas, que eventualmente realizan intervenciones o suposiciones con sus pacientes más desde su disposición narcisista que a partir de un estudio profundo de la psique. Es sobre esto último que se me impone ahondar un poco más.
Dos cualidades imprescindibles en el Psicoanálisis
En otras notas les he compartido que, en el tratamiento psicoanalítico, en su vertiente terapéutica, para el psicoanalista es imprescindible obtener la información del paciente, es decir, saber arrancarle las confesiones a éste, lo que nos permite intervenir con precisión. Sin embargo, para que esto sea posible —lograr la precisión—, la tarea nos demanda cumplir con procesos propios del método de investigación, así como cierta disposición psíquica de quien lo ejecuta —del psicoanalista—. Es el conjunto del cumplimiento de estas dos exigencias lo que hace posible obtener el estudio de la psique de el o la paciente.
Cuando hablamos del estudio profundo de la psique, nos referimos en sentido estricto a extraer las leyes a las que obedece la lógica psíquica —vida interna— de quienes escuchamos en la intimidad del dispositivo clínico. Ahora bien, ya el tratamiento mismo nos presenta dificultades a vencer, unas que surgen de la disposición psíquica del paciente, algunas más provienen del tiempo y el distanciamiento entre una sesión y otra, pero la que cobra mayor relevancia en lograr la precisión en el tratamiento, es la disposición psíquica del psicoanalista.
¿A qué me refiero con disposición psíquica de parte de quien ejecuta el método?
Por regla general, lo que las personas en la vida cotidiana nos ofrecen a la observación es su conducta, la cual, al igual que las emociones, son tan solo la corteza de la vida interna (psique). Así mismo, por lo general en el tratamiento psicoanalítico son las que nos abren la puerta para indagar en ese vasto universo, que también conocemos como, el alma. Si bien, conducta y emociones (reacciones afectivas), no hemos de utilizarlas para realizar interpretaciones apresuradas, si nos brindan ciertos indicadores.
Cuando el creador del psicoanálisis, Sigmund Freud, menciona que en el tratamiento psicoanalítico se espera lograr un pequeño cambio en el paciente, alude a esto que he mencionado como disposición psíquica. Sólo que para aquellos que nos dedicamos a la atención de pacientes, esto se vuelve una exigencia, y mayor, pues en la escucha clínica no hemos de intervenir desde la moral y nuestra visión del mundo, y sabemos que una simple indicación a no hacerlo es en la mayoría de los casos, infructuosa. Es por esto, que aquello que llamamos la formación del psicoanalista se diferencia tajantemente de sólo la formación académica, como lo es una maestría o un diplomado, pues en estos, a quienes transmiten la teoría poco les interesa, o su propio dispositivo de enseñanza no esta estructurado en procurar ese leve cambio en la disposición psíquica de aquellos a quienes enseñan, incluso en la mayoría de los casos terminan por reforzar en ellos la omnipotencia del Yo.
Continuará el próximo lunes…
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