En la vecindad del zócalo capitalino, las acusaciones entre los paracaidistas, por un supuesto robó, dejó a una mujer desnuda, arrodillada, humillada.
Con uñas y dientes defendió a su hijo que era acusado de robo. Destruyeron su casucha habilitada en una jardinera, encueraron a la mujer, pero no encontraron los diez mil pesos y el celular.
El conflicto se registró a un costado del quisco, donde dos menores de edad, José Abraham, de 13 años de edad, y Rony, de 17, eran acusados por Aurelia de robarle 10 mil pesos y un celular del interior de una casa de campaña de los desplazados de la agencia Vicente Guerrero.
Los gritos de la madre del pequeño de 13 años se dejaban sentir, argumentando que su hijo vende paletas de dulce y que era inocente, que el ladrón era Rony.
Pero a Rony lo defendió un sujeto que aseguró que durante la madrugada lo acompañó a comprar mezcal.
Dormía y no sintió cuando le robaron
Aurelia, desplazada de la colonia Bicentenario dijo que la madrugada de ayer, dormía en una casa de campaña con su esposo.
“Estoy enferma, soy diabética, por lo que el médico me recetó unas pastillas que me producen mucho sueño. Me acosté temprano y puse los diez mil pesos en mi bolsa”, aseguró la señora.
Aurelia aseguró que pidió el dinero prestado. FOTO: Julio César Chávez
Agregó que por el frío de la madrugada despertó. “Eran las 01:30 horas y estaba abierta la puerta de mi casa de campaña, por lo que le pregunté a mi marido si había dejado abierto y me dijo que no”. El dinero lo pidió prestado para pagar una deuda
Salieron de la casa y vieron al par de niños, y uno de ellos dijo: “me acusan de ratero”, dijo Aurelia.
El muchacho le dijo que fueran a una caseta donde quizá habrían tirado la credencial y la bolsa.
Aurelia le preguntó qué cómo sabía que llevaba una identificación y “me dijo que él vio que un chavo vestido de rojo la había robado, por lo que junto con mis compañeros lo buscamos y no encontramos nada”.
José Abraham fue encuerado, para cerciorarse que no escondía el dinero. FOTO: Julio César Sánchez
Pero fue después del mediodía (casi 12 horas después), cuando la señora “capturó” a los supuestos rateros, por lo que pidió la intervención de la policía. Llegaron elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI), pero Aurelia y sus vecinos querían encuerar y linchar a los muchachos.
“A mí no me anden con chingaderas”
Sin embargo, también llegó la mamá de uno de los muchachos, el cual aseguraba inocencia.
Dijo que José Abraham se dedica a robar durante las noches.
“Él (José Abraham) descansa de día para robar todo lo que puede durante la noche, no lo quiere reconocer, pero es el ladrón, a mi hasta me encueraron por su culpa, cuando no tengo vela en este entierro”, dijo Rony entre sollozos.
Al querer comprobar que su hijo se dedica a la venta de paletas, la señora llevó a la supuesta afectada y a la policía donde tiene su casucha, mientras gritaba: “No me anden con chingaderas hijos de su puta madre, no van a trastear mis cosas para ver si encuentran el dinero”.
Desnuda, impotente y ante la mirada inquisidora de sus "vecinos": Julio César Sánchez
Una voz de dama lanzó la advertencia “te vamos a encuerar”, a lo que después llegó la violencia y entre cinco mujeres se le fueron encima y le arrancaron un monedero que tenía en el brasier, donde le encontraron 20 pesos.
Al mismo tiempo, otras personas revisaron sus pocos trapos y cartones que utiliza como piso, pero no encontraron el dinero y el celular.
Al no existir flagrancia en el delito, los elementos que estaba custodiando a los menores de edad, después de una hora, recibieron la instrucción de dejarlos en libertad, por lo que los elementos policíacos se retiraron del lugar.
En busca del dinero. FOTO: Julio César Sánchez
Las cosas son mías
Golpeada, enlodada, con las ropas desgarradas, la indignada mujer, que no derramó una sola lágrima, los encaró, “esas cosas son mías y de mi hijo, no las hemos robado, porque prefiero pedir caridad que robar, el delincuente es ese flaco, que no es pendejo sino que es un maldito”.
Cayó la tarde, vino la recriminación de madre a hijo “¿Ya estás satisfecho? ¿Eso es lo que querías…?”
Se le acabaron las palabras, el silencio reinó de nueva cuenta entre la gente que esperaba que se llevaran detenido al menor, ya que supuestamente algunos comerciantes se había quejado de haber sido víctimas de él.
