Rafael Alfonso
Había una vez un youtuber que tenía un canal especializado en salud y medicina, desde el cual denunciaba los casos de charlatanes médicos, y lo hacía con un estilo humorístico, ácido y socarrón, que le granjeaba una gran popularidad. Uno de sus videos fue decisivo para desenmascarar a una licenciada poblana que se ostentaba como psiquiatra en un famoso complejo médico y a quien, a sus increíbles capacidades creativas en el Photoshop, habría que sumar una hazaña que podría ser la piedra de toque de la psiquiatría moderna: curar la depresión en 7 días. Este caso colocó al youtuber en tendencia.
Tras este sonadísimo acierto, no es de extrañar que nuestro protagonista se llenara de confianza y desde ahí, a petición de su público, arremetiera contra la grafóloga más mediática de México en los mismos términos con que lo hizo con el personaje anterior, pero las cosas no resultaron como pensaba.
El giro de los acontecimientos
En muchas ocasiones, así tenga uno la razón, es importante decir las cosas de la manera adecuada. Supongo que, en este caso, si nuestro youtuber hubiera expresado sus argumentos en contra de la grafología sin mofarse de la persona y sin usar un lenguaje despectivo y de mal gusto, quien estuviera pidiendo disculpas sería la contraparte, pero he de suponer que esas eran las cualidades de las que, como personaje, el youtuber debía hacer gala para satisfacer a sus seguidores. La grafóloga, por su parte, decidió que no iba a tolerar ese trato y así dio inicio una guerra mediática.
Lo que definitivamente el youtuber no se esperaba fue encontrarse con una demanda en su contra por ¡violencia de género!, lo cual, no a pocos parece una salida fácil para silenciar voces inconvenientes o incómodas.
No es lo mismo
Si bien, cuando arremetió contra la falsa psiquiatra, el youtuber sólo recibió halagos; en esta ocasión las cosas fueron distintas, pues no contó con que la grafóloga era mucho más conocida y popular que él. La falsa psiquiatra, aunque presumía de tratar con todo tipo de celebridades y haber trabajado en importantes instituciones, propios y extraños se deslindaron de ella a la primera oportunidad. Por el contrario, la grafóloga recibió apoyo de otras figuras mediáticas; lógicamente, de los medios de comunicación donde fue presentada como experta y presuntamente de algunas autoridades y personajes de la política.
Una disculpa siempre es buena, aunque no sea sincera
Aunque en principio el youtuber declaró que sus opiniones sobre la grafología se mantendrían firmes, tuvo que ceder ante la estrategia de la grafóloga, quien lo acusó de no tolerar su éxito profesional como mujer, dejando de lado el asunto de si la grafología era o no una disciplina útil con bases científicas.
Como cabría de esperarse, esta disputa se dirimió fuera de los tribunales en términos que sólo los interesados conocen, pero que podemos suponer se dio de la siguiente manera: “Yo retiro la demanda si tú me pides una disculpa pública y dejas de… molestarme”, oferta que el youtuber no pudo rechazar. Así, en un comunicado oficial: el youtuber reconoció la grosería de sus palabras y lo equivocado que estaba en las opiniones vertidas, no sólo hacia la grafóloga, sino también hacia la grafología, lo que realmente decepcionó a sus fans y a quienes se quedaron con las ganas de ver sangre.
A pesar de que la grafóloga hace un análisis de la disculpa y la da por buena, el youtuber, inmediatamente después expone que, al retractarse, antepuso la tranquilidad de su familia y la de su pareja a su forma de pensar; es decir, finalmente se impuso la prudencia, como debería pasar en muchos otros casos donde sucede lo contrario.
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