Alejandro José Ortiz Sampablo
En el punto donde nos encontramos se me impone resaltar una de las bondades del método psicoanalítico, esta tiene que ver con la paciencia y serenidad con la que el investigador del alma trata la información que recoge del fenómeno psíquico. En este caso, al reclamo que posiblemente surja de las sentencias mencionadas en la nota anterior, de que en la actualidad algunas mujeres son las que proponen la relación abierta, incluso, de que una cantidad considerable de ellas termina por declararle su amor al hombre o proponer el inicio de la relación, con lo que se explicaría y justificaría el desenlace fatídico que sufren muchas mujeres en su vida amorosa.
Serenidad y paciencia
Sin embargo, para nosotros los psicoanalistas, lograr la explicación de un fenómeno psíquico que alcanza su expresión, en este caso en la vida amorosa de dos personas, no es asunto que nos tomemos a la ligera, requerimos de un determinado tiempo de escucha del paciente, pues debemos contemplar caso por caso, es ahí donde nos topamos con la imposibilidad de realizar una explicación generalizada. Ahora bien, en este asunto que nos ocupa sólo tenemos una pequeña carta, pero la información vertida en ella ha sido la suficiente para realizar algunos supuestos que nos han auxiliado para explicar por qué Sigmund Freud se refiere al Yo como instancia.
Por otro lado, algunos amables lectores también podrán reprocharme que me he ensañado con el hombre involucrado, pues pareciese que he puesto en tela de juicio su decir en dicha carta pública, y que, al hablar de la involucrada, doy la impresión de que la coloco como víctima. A mi favor, sólo me queda decir que es él quien habla, y que sólo he develado lo que, entre letras, ya está en su escrito, lo que cualquier persona que lea a detalle podría realizar con sólo plantear las interrogantes correctas. Así mismo, si realizan el recorrido hasta este punto, podrán percatarse de que no agregué algún supuesto que haya distorsionado lo plasmado por el hombre.
Ahora bien, intentemos elucidar lo que le pudo acontecer al Yo de la involucrada, para lo cual echaré mano de lo que se puede suponer por viñetas de las circunstancias aludidas, así como de su contexto.
¿Un enojo sin sentido?
Comencemos con el extremo enojo que se volvió evidente, ¿acaso podemos suponer que es injustificado?, ¿que el pobre hombre fue víctima de la locura o la maldad de dicha mujer? En mi experiencia clínica, cuando una persona muestra su enojo, de éste se puede encontrar la explicación en la disposición psíquica del enojado, pero esto no excusa a la contraparte de dar buenos motivos para ello.
Si bien, ella inicialmente lo acusa de haberse retirado el preservativo sin su consentimiento mientras sostenían relaciones sexuales, en la misma carta él nos anoticia otro reclamo, el cual él consigna como el primero, “[…]fue cuando me dijo que yo la había enamorado, que tenía una facilidad para clavarme en los sentimientos de las personas y que por eso necesitaba un espacio porque su carácter se doblegaba cuando empezaba a sentir, y que la había ‘cagado’ conmigo pues nadie merecía su cariño de esa forma[…]”.
Continuará el próximo sábado…
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