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Continúa bloqueo en el basurero de Oaxaca; gobierno no logra acuerdos con pobladores

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

La reubicación de las familias que llegaron a vivir a la zona aledaña del basurero por su militancia con el Frente Popular 14 de Junio ha complicado lograr un acuerdo para depositar en el tiradero las miles de toneladas de basura que permanecen en las calles de la ciudad.


Todos los desechos que desde el pasado sábado 19 de agosto no han podido depositarse en el tiradero de la Villa de Zaachila se convierten en un problema de salud que emana de un asunto más profundo: el desorden en los asentamientos urbanos y la poca capacidad gubernamental para atender las demandas sociales.


Negociaciones ha habido. Los intereses políticos también y de todas las filiaciones partidistas. La demanda de una población azorada por los delitos comunes que fueron escalando a un nivel mayúsculo con integrantes del Frente Popular 14 de Junio empieza a desdibujarse en la politización de este conflicto, como suele ocurrir en Oaxaca.


Lo que está de fondo es “un proceso de impunidad y descomposición social que sin arreglar”, a la par del hartazgo que demuestra “la irrupción ciudadana de las colonias unidas que toman el poder de manera momentánea para expulsar a una organización que gozaba de la anuencia política”.


Así lo analiza el doctor en desarrollo rural e investigador huésped del Centro en Investigaciones y Estudios en Antropología Social (CIESAS) Unidad Pacífico Sur, Víctor Leonel Juan Martínez, para quien “la basura es la manifestación de un conflicto y el arma de presión política para obligar a que se asuman compromisos”.


El uso político que en Oaxaca se hace de las organizaciones sociales se ejemplifica con el Frente Popular 14 de junio, el cual “deviene en un grupo delincuencial, más allá de la base social, porque gozó de complicidad y anuencias del poder político”.


La conflictividad que se vive en la zona aledaña al basurero está relacionada con la ruptura del tejido social, si ahí existen más de 15 mil personas que inicialmente que hace décadas fueron parte de asentamientos irregulares movidos por sectores populares, es porque las autoridades lo permitieron.


“Las zonas más desprotegidas son las más marginales y populares, donde viven personas excluidas del repertorio social y por tanto son capital fácil de partidos políticos en campañas electorales”,reflexiona en entrevista.


Reconoce que el cierre por ocho días del tiradero más grande de Oaxaca ha provocado una nueva problemática, la inconformidad de la ciudadanía que debe guardar desechos sólidos en su casa o que transita por calles y espacios públicos con basura. “¿Hacia dónde dirigen su inconformidad?”, se pregunta y se responde: “Hacia los colonos que mantienen cerrado el basurero”.


De fondo, insiste, está “la impunidad, la descomposición social, la anuencia y complicidad para que se llegue a estos extremos, una larga cadena de impunidad y complicidades que parece no atenderse hasta que hay una inconformidad de este tipo”.

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