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La historia de cuando descubrieron la tumba 7 de Monte Albán en Oaxaca

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Foto(s): Cortesía
Israel García Reyes

Este 2025 se cumplen 93 años del descubrimiento de la Tumba 7 de Monte Albán, a cargo de Alfonso Caso. A continuación te contamos cómo ocurrió el hallazgo y qué encontraron.

El 9 de enero de 1932 fue descubierta la Tumba 7 de Monte Albán, Oaxaca. 

De acuerdo con México Desconocido, desde 1928, don Alfonso Caso, abogado y arqueólogo, había llegado al estado de Oaxaca procedente de la ciudad de México porque deseaba conocer los orígenes de los pueblos precolombinos de la región. Quería saber cómo eran y para qué servían los grandes edificios que se adivinaban en los cerros conocidos como Monte Albán.

Caso diseñó un proyecto arqueológico que consistía en la realización de excavaciones en la Gran Plaza y en los mogotes que la circundaban en 1931. 

Equipo de trabajo y planeación

El investigador reunió a varios colegas y estudiantes, y con fondos propios y algunas donaciones inició la exploración de Monte Albán. 

Los trabajos iniciaron por la Plataforma Norte, el conjunto más grande y más alto de la gran ciudad; primero la escalinata central y de allí en adelante la excavación respondería a las necesidades de los hallazgos y de la arquitectura. 

La suerte quiso que el 9 de enero de 1932, don Juan Valenzuela, ayudante de Caso, fue llamado por los campesinos a revisar un terreno donde se había hundido el arado. Al penetrar al pozo que ya algunos trabajadores habían limpiado, se dieron cuenta de que estaban frente a un hallazgo espectacular. En una fría mañana de invierno se había descubierto un tesoro en una tumba de Monte Albán.

La tumba resultó ser de personajes importantes, como lo demostraban las magníficas ofrendas; fue denominada con el número 7 por así corresponder en la secuencia de tumbas excavadas hasta el momento. La Tumba 7 fue reconocida como el hallazgo más espectacular de América Latina en su tiempo.

¿Qué había en la Tumba 7?

Los excavadores descubrieron varios esqueletos de personajes de la nobleza, más su rica vestimenta y los objetos de las ofrendas, en total más de doscientos, entre los que se encontraron collares, orejeras, pendientes, anillos, bezotes, diademas y bastones, la mayoría elaborados en materiales preciosos, algunos procedentes de regiones fuera de los Valles de Oaxaca. 

Los objetos estaban compuestos de materiales como oro, plata, cobre, obsidiana, turquesa, cristal de roca, coral, hueso y cerámica, todo trabajado con mucha maestría artística y con técnicas delicadas, como la filigrana o los hilos de oro torcidos y trenzados en figuras extraordinarias, algo nunca visto en Mesoamérica.

Más adelante se determinaría que la tumba fue reutilizada varias veces por los zapotecos de Monte Albán, pero la ofrenda más rica correspondió al entierro de por lo menos tres personajes mixtecos que murieron en el Valle de Oaxaca por el año 1200 de nuestra era.

Prestigio de Alfonso Caso

Después del descubrimiento de la Tumba 7, Alfonso Caso adquirió un gran prestigio y junto con éste llegaron las oportunidades para mejorar su presupuesto y continuar las exploraciones de gran escala que había planeado, pero también llegaron una serie de cuestionamientos acerca de la autenticidad del hallazgo. Era éste tan rico y hermoso que había quien opinaba que se trataba de una fantasía.

Colaboradores

El descubrimiento de la Gran Plaza lo realizó en las dieciocho temporadas que duró su trabajo de campo, apoyado por un equipo profesional integrado por arqueólogos, arquitectos y antropólogos físicos como Ignacio Bernal, Jorge Acosta, Juan Valenzuela, Daniel Rubín de la Borbolla, Eulalia Guzmán, Ignacio Marquina y Martín Bazán, además de la esposa de Caso, doña María Lombardo.

Cuadrillas de trabajadores procedentes de Xoxocotlán, Arrazola, Mexicapam, Atzompa, Ixtlahuaca, San Juan Chapultepec y otros pueblos trabajaron en las excavaciones, comandadas por miembros del equipo científico. 

Los materiales obtenidos, como las piedras de construcción, la cerámica, los objetos de hueso, de concha y de obsidiana fueron cuidadosamente separados para ser llevados al laboratorio, ya que servirían para indagar las fechas de construcción y el carácter de los edificios de Monte Albán.

Trabajo de años

El equipo de Alfonso Caso efectuó un minucioso trabajo de varios años para clasificar, analizar e interpretar los materiales encontrados.

El libro acerca de la cerámica de Monte Albán se publicó en 1967 y el estudio de la Tumba 7 (El Tesoro de Monte Albán), treinta años después de su descubrimiento. 

Esfuerzos de Caso 

A través de sus interpretaciones sabemos que Monte Albán comenzó a construirse 500 años antes de Cristo y que tuvo por lo menos cinco periodos constructivos, que los arqueólogos de hoy siguen llamando épocas I, II, III, IV y V.

El otro gran trabajo fue reconstruir los edificios para mostrar toda su grandeza. Don Alfonso Caso y don Jorge Acosta dedicaron muchos esfuerzos y una gran cantidad de trabajadores para reconstruir los muros de los templos, los palacios y las tumbas, y darles la apariencia que tiene hoy en día.

Realizaron una serie de trabajos gráficos y planos topográficos en los que se leen las formas de los cerros y del terreno, además de dibujos de los contornos de cada edificio y sus fachadas. También tuvieron mucho cuidado en dibujar todas las subestructuras, es decir, los edificios de épocas anteriores que se encuentran dentro de los edificios visibles.

Los trabajadores trazaron y construyeron el primer camino de acceso que aún hoy se utiliza, así como unas casas pequeñas que les sirvieron de campamento durante las temporadas de trabajo.

Disposición en la Tumba 7

Según Arqueología Mexicana, es probable que hubiera un orden cosmológico en la forma en que los artefactos y los restos fueron depositados en la Tumba 7 de Monte Albán, Oaxaca. No debe ser casualidad que en el mero centro de la tumba se encontró un disco de oro con la representación de un corazón. Es una ofrenda que, a la vez, le da a la tumba la calidad de un ser vivo.

Época de construcción

La Tumba 7 fue construida en el Clásico Temprano, pero el estilo de los artefactos depositados en su interior indica que son del Posclásico, cuando la ciudad de Monte Albán ya había sido abandonada.

A su vez, la tumba del Clásico parece haber sido reutilizada en el Posclásico como un santuario subterráneo para el culto a los ancestros.

Las investigaciones refieren que un indicio de los actos de veneración religiosa en el lugar son, por ejemplo, un bule (tecomate) de oro, ya que ese objeto servía como contenedor de tabaco molido, que era un ingrediente importante en los rituales mesoamericanos. 

Entre los objetos de oro hay anillos, collares, pectorales y otros adornos –campanitas y representaciones de aves y mariposas, así como dioses de luz y alegría– que evocan el ambiente de la corte real, así como de la Casa del Sol, la morada de quienes después de su muerte iban a acompañar al dios Sol.

Contexto histórico de la Tumba 7

Se sabe que en el Periodo Posclásico el mayor centro político del área fue Zaachila, capital de un reino zapoteca situada en los Valles Centrales y muy cercana a Monte Albán. Un adorno de oro en la Tumba 7 muestra la cabeza del dios Xipe Tótec, el patrón divino de la familia real de Zaachila

Existe gran similitud estilística y técnica de los objetos de oro de la Tumba 7 con los encontrados en las tumbas 1 y 2 del palacio principal de Zaachila. 

Por ejemplo, en la Tumba 1 de Zaachila estuvieron enterrados dos individuos. Los relieves de estuco en las paredes de esta tumba los identifican como el señor 5 Flor y el señor 9 Flor. Es probable que el primero de ellos sea el mismo señor 5 Flor de la dinastía de Zaachila, quien aparece representado en el Códice Tonindeye  (Códice Nuttall ), p. 33.

Por otra parte, el tesoro de la Tumba 7 incluye una serie de textos pictóricos grabados sobre huesos de jaguar y águila, cuyos aspectos estilísticos e iconográficos son similares a los manuscritos pictográficos (códices) que relatan la historia de ñuu savi (el pueblo mixteco). 

También se localizaron referencias sobre un árbol del que nacen personajes y sobre un conflicto con hombres que tienen en su cabeza el signo de “piedra”. Evidentemente se trata de la narrativa mixteca sobre un gran árbol (en el pueblo de Apoala) del que nacieron los fundadores de las dinastías mixtecas, quienes luego vencieron a los habitantes primordiales de la región que se convirtieron en piedras (“hombres de piedra”) cuando salió el Sol por primera vez. Esta narrativa ocupa un lugar importante en los códices mixtecos Yuta Tnoho  (Códice Vindobonensis ) y Tonindeye  (Códice Nuttall ).

De acuerdo con la página del INAH, no se conoce el nombre original, algunas propuestas son Danibaan o “Montaña Sagrada”, “Colina del Jaguar”, Danibéeje o “Cerro del Tigre”. Otros dicen que se refiere a las flores blancas de los árboles de cazahuate que cubren el cerro.

Tanto la Tumba 7 como esta zona prehispánica aún contienen muchos misterios por descubrir, como por ejemplo, el nombre real de Monte Albán, su relación con las zonas prehispánicas de Atzompa y Zaachila, lo cual lo sigue haciendo un lugar mágico, lleno de historia en cada piedra, objeto y espacio que lo conforman. 

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