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Estudiantes crean filtro de agua con cáscara de coco; buscan ir a Brasil a competir

Para presentar su proyecto en Brasil y desarrollar una segunda fase, estudiantes buscan reunir recursos.
Foto(s): Emilio Morales Pacheco
Nadia Altamirano Díaz

Caerse de su motocicleta camino al Instituto Tecnológico de Oaxaca por las cáscaras de coco que invadieron parte de la carpeta asfáltica en una de las vías que rodea la Central de Abasto, llevó a Neri Haniel Rojas Martínez a crear con otros cinco estudiantes un filtro que capta los sedimentos en el agua y aprovecha este desecho sólido.

Su producto diseñado de manera experimental ganó en la ExpoCiencias Oaxaca 2024 que les significó su pase a una competencia internacional en Brasil en este 2025, pero requieren reunir dinero para la transportación aérea, hospedaje y alimentación.

 

Aprovechar

“Ese día (de julio), Neri llegó muy enojado a la escuela”, recuerda su compañero Rodolfo Martín Alavez Estudillo, estudiantes de la carrera de Ingeniería Industrial.

Juntos descubrieron que en el mundo, sólo 15 por ciento de las cuatro mil toneladas de cáscara de coco se utiliza con fines industriales, el resto termina en rellenos sanitarios, o tiraderos clandestinos.

En Oaxaca, con el cierre del tiradero de la Villa de Zaachila en octubre de 2024, agudizó una problemática de gestión de residuos sólidos, incluyendo la cáscara de coco que desechan principalmente los comerciantes de la Central de Abasto.

Dos meses después del incidente de Neri, el asesor Gerardo Silva Montes, quien es maestro en Ciencias en el Instituto Tecnológico, les planteó desarrollar un proyecto que incluyera a estudiantes de otras ingenierías como química y gestión empresarial.

La idea ya la tenían, pero el proyecto en sí lo ejecutaron entre el 25 de septiembre y el 25 de octubre de 2024 para presentarlo en la ExpoCiencias Oaxaca 2024.

 

Con bagazo

Para ese momento, Neri y Rodolfo ya habían investigado que una de las utilidades de la cáscara de coco es que se puede emplear como material de construcción, para elaborar cajas, alhajas o filtro de agua. 

“No hay antecedentes de un filtro con cáscara de coco para una toma domiciliaria”, asegura Neri, en cuya casa prueban uno de los 30 filtros que elaboraron de manera artesanal.

Dominar otro oficio o alternar los estudios con un trabajo, como hace Raúl Santiago Cruz en un taller de torno y rectificación industrial.

“Con una prensa hidráulica se van compactando cuatro capas de fibra de coco”, describe Raúl, quien sabe el grosor que debe tener el filtro para lograr un tubo de 7.2 centímetros de diámetro, la misma medida de uno de polipropileno al que sellan con tapas de aluminio.

Fany Gisela Mora Santos es quien se encargó de hacer cuentas y determinar que el filtro de fibra de cáscara de coco tenga un precio al público de 76 pesos con 51 centavos, contra uno de polipropileno que en el mercado se encuentra en promedio en 102 pesos, con un reciente aumento.

Si mantienen la elaboración artesanal, los futuros ingenieros pueden elaborar 720 filtros, pero si logran tecnificar el proceso, su capacidad se eleva a 3 mil 50 filtros al mes.

 

Fácil y viable de usar

Para mostrar lo fácil que es colocarlo, en la azotea de la casa de Neri, Julio César Barrón Quiroz muestra que sólo se debe desenroscar de la tubería el portafiltro y sustituir el cartucho de polipropileno, para después volver a conectar la tubería.

En 15 casas han colocado el filtro de cáscara de coco para monitorear su desempeño y durabilidad, la cual calculan puede ser de 3 a 6 meses, dependiendo de los sedimentos que traiga el agua que se surte por tubería.

Si disminuye la presión del agua que sale de la llave o regadera, es el momento de sustituir el filtro cuyo contenido puede utilizarse como sustrato para las plantas, además de que ayuda a retener la humedad.

 

Planean una segunda fase

Para medir su alcance, han tomado muestras de agua y realizado cuatro pruebas relacionadas con sodios sedimentales, suspendidos, disueltos y residuales, alcanzando en promedio del 85.7 por ciento de efectividad.

Los estudios que han hecho les permite saber que en una segunda fase del proyecto de investigación deben incorporar el carbón activado, derivado también del mesocarpio de coco para potabilizar el agua.

Una limitación para el proyecto es la falta de capital económico, sobre todo porque la preparación del mesocarpio de coco es laborioso y sin maquinaria especializada se dificulta una producción eficiente de un prototipo.

Saber de carpintería, electricidad, soldadura y plomería les ha facilitado a Fany, Andrés, Rodolfo, Raúl, Julio y Neri ofrecer una alternativa para mejorar la calidad de agua y el tratamiento de residuos orgánicos que en conjunto representan una problemática de salud pública.

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