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¿Quién controla el futuro?

Foto(s): Cortesía
Redacción

ERIC RAMÍREZ VARGAS


Jaron Lanier, el autor del libro que intitula esta columna, tal vez no sea  la persona más convencional de todas: viste con camisetas arrugadas, varias rastas circundan su cabeza y normalmente usa una barba desaliñada. Nadie pensaría que se trata de un distinguido miembro de la élite de Sillicon Valley, el lugar ubicado en California, donde se concentra el mayor número de empresas tecnológicas del mundo como Google, Apple, Youtube, Amazon, Facebook y un sin de nuevos proyectos o startups que tal vez pronto conoceremos. Lanier es consejero privado de Microsoft y padre de la realidad virtual que pronto se agregará como novedad a los teléfonos de Apple.


En su priviligiada posición hace una fuerte denuncia en contra de sus colegas. Hace publico el espionaje del que somos objeto por estas grandes compañías. Todos los días interactuamos con alguna de ellas, inevitablemente.


Lanier afirma que poderosos ordenadores (los más poderosos del mundo) procesan cada segundo la gran cantidad de información que se trafica en la web, donde muy precisos algortimos trabajan de día y noche en investigar nuestros gustos, aspiraciones, temas de conversación, e intereses de todo tipo. De esta manera las grandes empresas aventajan a los comerciantes locales en las preferencias del cliente. Debido a esta competencia inequitativa, cada día se reduce más la clase media ya que, entre muchos factores más, la información que Usted y yo tenemos, la información de la calle,  es más ineficiente para responder a las demandas del mercado.


Como consecuencia quiebran los pequeños negocios en un abrir y cerrar de ojos. Basta con mirar como las tiendas de autoservicio transnacionales han desplazado a la clásica tiendita de la esquina, ya que gracias a este procesamiento de la información ahora se sabe dónde vive la mayor cantidad de glotones, entre otras cosas, gracias al consumo de bebidas azucaradas, en especial una que es la más consumida en el país.


En Oaxaca recientemente abrió una famosa cadena de pizzas y el resultado fue inmediato: largas filas para poder comprar sus productos. Obviamente el camino ya estaba preparado, miles de nuestras publicaciones en Facebook, busquedas en Google, chats en Whatsapp etc. ya habían abonado al conocimiento de nuestros gustos e intereses. Y como este ejemplo hay cientos.


Como contramedida a este espionaje sin límites y sin el afán de oponerse al inevitable progreso Lanier hace una atrevida propuesta: que se nos pague a todos por nuestra aportación al tráfico en la Web, que se modifiquen los protocolos de conexión a Internet para identificar la fuente de la información y así las grandes empresas retribuyan un poco de ese conocimiento que nos es arrebatado.


En Estados Unidos la propuesta es novedosa y hasta ahora no ha encontrado el mayor eco. Esperemos nuestros políticos la retomen, porque no solo nuestra privacidad esta en riesgo sino nuestra cada vez más vapuleada clase media.


 


@Eric_RV

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