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Lecturas para la vida: Marita diagnosticada

SEGUNDA (1)
Foto(s): Cortesía
Redacción

Daniela Clarisa Concha León

 




Después de pensar en mil pretextos, Marita sólo respondió:

—Sí, mami.

Al día siguiente, madre e hija acudieron al lugar; era muy lindo, tenía bastantes libros muy coloridos al igual que sus paredes, que estaban llenas de papeles y juguetes muy bonitos. Marita se sintió feliz al ver que podía colorear.

Sentada detrás del escritorio, estaba la doctora, quien las saludó amablemente mientras las veía de arriba abajo, como si fuera un escáner humano. 

—Buenos días, mi nombre es Fernanda Pérez. Adelante.

Después de la presentación y de sus credenciales, continuaron con el llenado de algunos datos, donde se preguntaba entre otras cosas la edad de la paciente y el motivo de la consulta, datos que al parecer eran muy importantes, pues doña Lulú tenía que ser lo más sincera posible. Eso terminó con la firma del consentimiento y entrada en materia. Fernanda solicitó que le contara cuál era la situación. 

—Pues mire, doctora, le traigo a mi hija. No sé qué le pasa, desde hace unos días come más de lo normal, no duerme y está muy pálida, se distrae mucho y a veces la descubro que llora por las noches; el doctor me dijo que la trajera con usted, porque lo que ella tiene se debe ver aquí.

—Así es señora, nosotros somos los especialistas en el área- respondió la psicóloga.

Mientras las mujeres hablaban, Marita dibujaba en unas hojas blancas, a petición de la doctora, quien por momentos la observaba y anotaba cosas en su libreta. Después preguntó a doña Lulú lo siguiente: “¿Quiénes viven en casa?”; “¿Cómo se lleva usted con su esposo?” y “¿Han cambiado sus calificaciones?”, entre otras cosas.

Antes de despedirse, la psicóloga le explicó a doña Lulú que era muy importante lo que estaba pasando con Marita, que ella tenía algunas hipótesis, pero prefería esperar, así que citó a Marita para la siguiente semana.

Cuando salieron del consultorio, la doctora tenía una expresión sombría, fruncía el ceño mientras escribía en el expediente de Marita, anexando los dibujos que le parecían indicadores importantes de que algo estaba pasando.

Al pasar la semana, doña Lulú y Marita regresaron. Dentro del consultorio, la doctora le mostró a la pequeña algunos dibujos explicando las partes del cuerpo y señalando las que son prohibidas para que las toquen los demás. De igual forma, jugó con algunos muñecos haciendo representaciones que Marita no entendía muy bien.

Continuará el próximo sábado…

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