Vender bromelias que se conocen como magueyes o el musgo que se utiliza para adornar los nacimientos navideños, es por ahora la única fuente de ingresos de Micaela, una mujer de 64 años que por una fractura en las costillas ya no puede trabajar en el campo.
“Quiero trabajar, pero ya no puedo”, expresa al mostrar la variedad de bromelias que trajo al Mercado de Abasto desde Santiago Clavellinas, a 45 kilómetros de distancia.
Regresar todos los días a su casa implicaría para Micaela gastar 150 pesos en pasaje, utilizando al menos tres vehículos del transporte público.
“Aquí me quedo, diario, Aquí estaré en Navidad y Año Nuevo para ganar para un taco, para comer”, dice esperanzada.
“Micaela enviudó, se hizo cargo de sus cinco hijos”, relata Sara Vásquez, quien como presidenta de la Unión de Pereños desde hace 25 años, conoce bien la historia de las 45 familias de vendedores que en el último mes del año llegan para expender productos naturales que se comercializan para adornar el nacimiento navideño.
“Tratamos que siempre esté limpio, que la autoridad entienda que aquí hay gente necesitada, que realmente trabaja, pero nos quieren ir reduciendo, quitar puestos y no difunden lo que aquí vendemos”, describe Sara, quien tiene una energía que no coincide con los 99 años que dice tener.
Venta por 37 días
En el área conocida como la rampa de basura del Mercado de Abasto, desde el pasado 1 de diciembre comenzaron a instalarse las personas que expenden productos navideños.
El ir y venir de las personas que buscan adornos comienza a notarse. Caminar a mediodía implica hacerlo entre el bullicio de la vendimia y la esquiva de hombres que jalan diablos con la carga.
Los aromas de la fruta y verdura frescas se combinan con el aroma a madera, papel y plástico en múltiples presentaciones que dan forma a hilo escarcha, árboles de navidad o esferas.
Llegar hasta la rampa de basura, conocida así porque los desechos de todo el Mercado se amontonaban a ras de suelo, es comprobar que el heno o pastle “no se da muy caro, porque mucho lo traen de sus pueblos o comunidades”, asegura Sara.
Comercio regulado
El señor Peláez recuerda que años atrás el musgo blanco o verde, conocido como pastle, se vendía a grandes cantidades, pero las leyes de protección al medio ambiente hacen ahora una diferencia.
“Las personas ya no pueden sacarlo sin permiso de la autoridad. Antes se movía a mayor escala porque no había tanta vigilancia, pero ahora cada vendedor tiene que traer un permiso; es complicado y a la vez es bueno que se preocupen por el medio ambiente”, considera.
Las autoridades ambientales han llamado a no consumir heno ni musgo durante la temporada navideña para decorar su nacimiento porque su venta puede ser ilegal.
La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales se encarga de regular el almacenamiento, transporte y aprovechamiento del musgo y heno, considerado un recurso natural clave para la conservación de los suelos.
Ayuda económica
Olga comenzó a vender pastle apenas este viernes porque un día antes la autoridad de El Punto, comunidad de la Sierra Juárez que pertenece a Santa Catarina Ixtepeji, juntó el jueves a 50 familias que solicitaron el permiso para retirar bromelias y musgo.
“Es una ayuda económica para el hogar”, considera Olga, quien de manera regular expende verduras orgánicas que cosecha, mientras su esposo Carlos siembra maíz, frijol, chícharos y papas.
La autoridad sólo les permitió hacer la colecta de productos navideños un sólo día y ella y su esposa pudieron llenar cuatro costales que Olga irá vendiendo de a poco.
“Hay zonas protegidas en las que no podemos entrar. Si queremos el pastle verde debemos ir a la parte más alta del cerro, donde está más frío, al igual que los tapetes que están debajo de los árboles”, dice mostrando una alfombra natural que huele a bosque.
Para que Olga consiguiera pastle blanco debió buscar un microclima caliente en el mismo bosque, mientras que cuidó de no arrancar con raíz las bromelias conocidas como magueyes, “para que vuelvan a retoñar”.
Regateo
“Es mucho trabajo juntar el pastle o la madera y, a veces, la gente no lo paga”, dice decepcionada Wilberta, quien llega al Mercado de Abasto desde Santiago Clavellinas.
Hace dos años Wilberta venía también con su esposo Alfonso, quien hacía casas, pesebres, pozos y puentes con madera que adorna con musgo, pero que tras su muerte ahora elaboran sus hijos.
“Que la gente venga, damos buen precio”, pide a manera de no quedarse con un producto que, de no salir antes del 6 de enero, significará pérdidas.
Oliva también vende pesebres de madera para los nacimientos, pero junto con su esposo José viene de San Juan del Estado, a 28 kilómetros de la ciudad de Oaxaca.
“Depende el tamaño, pero una más o menos grande, adornada, cuesta 200 pesos”, dice confiada que a partir de este fin de semana llegará más gente a comprar productos navideños.
En esta primera semana que Alfonso vende piñas de pino de ocote y pastle que le traen sus hermanos de Natividad, a 70 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, no ha visto suficiente venta porque “creo que no hay dinero, la gente no tiene capital”.
Existen mil especies de musgos (forman tapetes).
Retienen agua, favorecen la infiltración de la lluvia, disminuyen la erosión del suelo y mantienen la humedad atmosférica.
Musgos utilizados para los nacimientos:
Hypnum amabile y Thuidium delicatulum
