Por Rafael Alfonso
La semana pasada, en La hora del deseo, nos visitó Daniela Clarisa Concha León, quien nos regaló su experiencia en Infancia es destino, el dispositivo clínico—social que está innovando la forma de practicar el psicoanálisis en Oaxaca y el mundo. Para hacerlo, no podría ser de otra forma, fue preciso que nos diera a conocer una serie de cuestionamientos que se hiciera a sí misma al momento de tomar las riendas de este proyecto. Yo, un tanto acicateado por su ejemplo, no quise quedarme atrás y paso a hacer lo propio.
Escuchar a los menores
He de reconocer, en primera instancia, que la posibilidad de conocer un poquito más el alma muchas veces inflama nuestra vanidad y el sentido de omnipotencia que cargamos de por sí los seres humanos. Continuaré diciendo que he debido enfrentarme a esta tendencia para poder escuchar a niños y niñas de primaria y secundaria, es decir, fue preciso hacer acopio de humildad y reconocer mi ignorancia para, con docilidad y paciencia, aceptar la generosa guía de mis colegas Fausta Ibáñez Ríos y Alejandro Ortiz Sampablo que amorosamente comparten conmigo los frutos de su amplio recorrido en la clínica.
Muchos psicoanalistas tenemos la creencia de que la atención sólo puede brindarse en la privacidad de un consultorio al que el paciente llega por su propio pie solicitando atención. Más siendo este un proyecto innovador, en Infancia es destino trabajamos en un marco distinto al ideal y realizamos la escucha al aire libre —o en salones, en el caso del internado de Reyes Mantecón—, y muchas veces nuestros jóvenes pacientes no solicitan nuestra atención, sino que son canalizados, lo cual implica altas dosis de paciencia y talento para generar en ellos el interés por participar en su tratamiento. Como se habrán percatado, me demoro en entrar al ajo de mi propia experiencia porque ésta comienza llena de incertidumbre, inseguridad y algo de temor-obsesivo por hacer “las cosas bien”, pues considero que, siendo una de las materias más delicadas el alma humana, con más razón lo es el alma de los niños.
Otra de las cosas que debemos considerar es remontar o poner en duda nuestra tendencia al placer, los mecanismos que echan a andar esa tendencia y las complicaciones que conlleva para una vida, muchas de las cuales he experimentado en cabeza propia, como la pereza, el desorden y el desánimo. ¿Cómo plantear con los niños la necesidad de cuestionarse esta tendencia que causa tantos malestares si yo mismo estoy entregado a ella? Para eso es necesario atender aquellos conflictos en mi propia terapia personal.
En Infancia es destino hemos podido anoticiarnos de conflictos que tienen que ver con distintas situaciones. Aquí es muy importante que no se imponga una sanción ante lo que los niños nos comparten, porque es muy fácil que surjan en el analista las reservas de su propia moral, lo cual no contribuye a la escucha que requiere el psicoanálisis.
Recibimiento cálido
Cada mañana al llegar a la escuela primaria Revolución mexicana hay un recibimiento cálido por niños que asisten con nosotros y por aquellos que nos conocen a partir de las actividades lúdicas que llevamos a cabo para presentarnos con ellos. Es muy grato que nos saluden por nuestro nombre y que nos identifiquen, así, como psicoanalistas. En esta gran experiencia participan también Daniela Clarisa Concha León, quien realiza un excelente trabajo como directora del proyecto, y mis compañeras Sindri, Inara y Magdalena, jóvenes comprometidas con la atención a la infancia y con su propia formación.
¿Quieres saber más? Escúchanos por Vasconcelos Radio este viernes a la una de la tarde. Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/ 951 132 85 34 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.! Síguenos en Facebook: Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica A.C.-INEIP
