Lila Downs dio inicio a su concierto en el Auditorio Nacional con un grito lleno de energía: “¡Que vivan los fieles difuntos!”. La cantante oaxaqueña emergió sobre una ofrenda construida a un lado del escenario, adornada con flores de cempasúchil, veladoras y una fotografía de su esposo, el músico Paul Cohen, quien falleció recientemente y coronaba esta emotiva ofrenda. La artista abrió la noche con un canto en purépecha, rindiendo homenaje a sus raíces y a su pareja.
“Hace rato con las luces vino Paul a visitar su ofrenda. Así estamos, con la tristeza de recordar a los difuntos, pero también nos encanta celebrar la vida y la muerte porque así se quedan en nosotros para siempre. Por eso, en México para celebrar a los difuntos se baila cumbia”, compartió Downs con su público.
Con su característico estilo, Downs interpretó temas como “Mandimbo”, “La campanera” y “El conjuro”, honrando al agua, al árbol, a la madre naturaleza y, especialmente, a la flor del cempasúchil, símbolo del Día de Muertos en México. En cada melodía, la acompañaba su orquesta, y su inconfundible tono melancólico aderezaba cada nota, creando una atmósfera de conexión con lo espiritual y lo terrenal, evocando a quienes ya no están, pero permanecen en el recuerdo.
El auditorio aplaudía con cada canción, mientras que en el exterior se veían personas disfrazadas y algunas lograban entrar, sumándose al ambiente festivo. En los intermedios, varios asistentes aprovecharon para bailar en los pasillos, y otros admiraban el arreglo floral que enmarcaba el escenario.
El concierto avanzó con piezas como “Urge” y “Fuiste feliz”, además de una intervención especial del ballet folclórico de Hidalgo que resaltó el folclor mexicano. Conmovida, Lila, con ojos brillantes y voz temblorosa, agradeció a su audiencia: “Yo quiero agradecerles a cada uno de ustedes que han comprado su boleto para esta noche y que vienen a compartir la música con los fieles difuntos”.
