Ante el aumento de más del 140 por ciento en las muertes por Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT) en adultos entre 2013 y 2022, Oaxaca ocupa el segundo lugar en obesidad a nivel nacional y el primero en obesidad infantil.
Además, se colocó en el cuarto lugar a nivel nacional por muerte por enfermedad renal crónica, al haber presentado una tasa de 521 muertes por cada 100 mil habitantes durante el año 2022, similar a la tasa a nivel nacional, 523 muertes por cada 100 mil habitantes.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y la Dirección General de Información en Salud (DGIS), las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y los tumores malignos son las principales causas de muerte en Oaxaca. Este aumento alarmante de mortalidad afecta particularmente a los hombres, las personas adultas mayores, la población indígena y las comunidades con mayor grado de marginación, especialmente en zonas rurales.
La población indígena oaxaqueña es especialmente vulnerable a la diabetes, esto debido al cambio en los hábitos alimenticios y la integración de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas en la dieta.
🌽🚫 Organizaciones de la sociedad civil realizaron la clausura simbólica de un OXXO en protesta por el daño a la salud humana, la debilitación a la economía local, la contaminación y explotación de mantos acuíferos. Exigieron reforma al artículo 22 de la Ley de Niñas, Niños y… pic.twitter.com/n5wNVzjBso
— Noticias Oaxaca NVI (@nvinoticiasoax) October 16, 2024
La transición de una dieta tradicional a una de bajo valor nutricional, junto con el acceso limitado a alimentos frescos, ha incrementado los riesgos de presentar padecimientos como la enfermedad renal crónica con altos índices de mortalidad en la entidad.
La mala calidad de la dieta, caracterizada por el consumo excesivo de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas, es uno de los principales factores de riesgo para las ECNT.
Estos productos representan el 24 por ciento del total de la ingesta calórica de la población oaxaqueña, desplazando alimentos más nutritivos y tradicionales.
La transición hacia una dieta basada en alimentos de bajo valor nutricional ha sido impulsada por la creciente disponibilidad de estos consumibles y su publicidad, la que afecta especialmente a los hogares con niñas, niños y adolescentes.
El investigador de El Poder del Consumidor, Jorge Vargas Meza afirmó las enfermedades crónicas no transmisibles son una de las mayores amenazas para la salud pública en Oaxaca, debido a la gran presencia en la mortalidad del estado.
“La prevalencia de estas enfermedades se relaciona directamente con el entorno, ya que hay un fácil acceso a productos ultraprocesados y bebidas azucaradas”, asentó.
El impacto en la salud es evidente en todas las edades, ya que se asocia con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas. Por ello, no es menos alarmante el hallazgo del estudio de que las personas jóvenes y aquellas que viven en áreas urbanas, son las que más consumen productos ultraprocesados, mientras que las personas adultas mayores tienen un menor consumo.
A su vez, la activista de Espiral por la Vida, Laura Méndez subrayó resulta alarmante ver cómo el acceso a alimentos saludables se ha visto comprometido en Oaxaca, principalmente en los entornos escolares.
Los productos chatarra como papas fritas, refrescos y golosinas mantienen invadidas las cooperativas del 96.8% de las escuelas en Oaxaca, aportando a que prevalezca el problema de la mala alimentación, obesidad y diabetes entre las infancias de la entidad. https://t.co/Pf3u1ZPnMa
— Noticias Oaxaca NVI (@nvinoticiasoax) August 20, 2024
Destacó que la inseguridad alimentaria en Oaxaca afecta al 76 por ciento de la población, superando la media nacional del 59 por ciento.
“Las comunidades rurales y de mayor grado de marginación son las más afectadas, debido a la falta de infraestructura adecuada para el acceso a alimentos frescos y saludables. Por el contrario, los productos ultraprocesados son más accesibles y presentan una alta demanda, perpetuando un ciclo de mala nutrición que contribuye al aumento de las ECNT”, añadió.
“La mala alimentación no es una elección personal, sino un problema estructural que nos afecta colectivamente. Necesitamos adoptar un enfoque culturalmente competente que priorice el bienestar de nuestras comunidades y grupos en situación de vulnerabilidad”, comentó Avelina Landaverde coordinadora de la Alianza por la Salud Alimentaria.
El impacto de las ECNT no solo compromete la salud individual, sino que también afecta el sistema de salud pública y la economía de Oaxaca, porque la población de habla indígena y las comunidades rurales, donde la pobreza y el acceso limitado a servicios de salud son una realidad, se enfrentan a una mayor vulnerabilidad frente a estas enfermedades.
Para mitigar está situación es necesario que se creen políticas públicas con un enfoque de análisis integral que combine políticas alimentarias, con educación nutricional y una mayor inversión en infraestructura para asegurar un acceso equitativo a alimentos saludables.
“La salud de nuestras niñeces y la población adulta está en juego. Es momento de que el gobierno implemente estrategias efectivas que fomenten hábitos alimentarios saludables y combatan la obesidad y enfermedades crónicas en Oaxaca. Existe un entorno favorable con la recién aprobada Ley de Alimentación Adecuada y Sostenible y los Lineamientos para Alimentos y Bebidas en las Escuelas que en el caso de Oaxaca pueden y deben cumplirse e ir más allá retomando la gran riqueza culinaria que tiene el Estado”, aseveró el director de El Poder de El Consumidor, Alejandro Calvillo.
