Enna Osorio Montejo
“Natmas/Confesiones un libro que crece río”
“Perro que no abandonas a tu dueño,
perro que no muere a tu señor,
perro que amas a tu amo:
préstale tu lengua al hombre,
para que también le escurra la baba,
moje la tierra,
y siembre, como tú, la comprensión
de la existencia.”, escribió la poeta maya Briceida Cuevas Cob en su poema El quejido del perro en su existencia. Hay silencios impuestos o autoimpuestos porque nos vulneran o traicionan a otros. El silencio es violento y perverso, por eso hay que romperlo al contar de alguna manera las cosas que no se hablan para no incomodar a las buenas conciencias que prefieren no nombrar la realidad. Es el poder del lenguaje.
En Natmas Bertha Cenobio nos confiesa en lo público y en lo privado lo más íntimo que ha nutrido su linfa de poesía, revelándonos, en la lectura de su libro, sumergidos hasta el cuello en el río elemental de la condición humana que nos conecta sin tapujos, nos guste o no. Es así como la perra palabra de la poesía nos muerde la conciencia desde la experiencia de la vida, desde lo que se admite, se confiesa y nos confiesa, partiendo del lenguaje, que es la palabra abrazada y no impuesta, en la que se vuelve a los sueños, al fuego de la familia y del amor, al camino de reencuentro con la propia identidad, como lo expresa Bertha en el texto inicial Volver al mixteco de Santiago Tilantongo. Esta experiencia se multiplica en el libro, porque el retorno al mixteco es desde la poesía, y si bien, no todos hablamos alguna variante de este potente idioma originario, todos tenemos la simiente de la poesía constituyéndonos, tanto en el lenguaje cotidiano, donde usamos metáforas fósiles, aquellas asimiladas por la cultura popular (refranes, albures…), como en la cuestión de los misterios que nos penetran: la muerte, el odio y el amor, por ejemplo.
Conocí a Bertha Cenobio hace más de quince años en el taller de la Biblioteca Pública Central de Oaxaca, coordinado por Julio Ramírez. No sé cuántas tardes habremos compartido en aquella sala del segundo piso de la biblioteca, donde nos reuníamos con los otros compañeros y Julio para leer nuestras escrituras, analizarlas y comentarlas.
Tampoco recuerdo todas las ocasiones que nos atrapó la noche en la salita de la casa de nuestro maestro, hablando de la vida y tantos libros y canciones entre la cabeza, el pecho y la garganta. Clara tengo a Bertha puntual en sus opiniones, atenta a la palabra de los otros, nostálgica, mesurada y firme, comprometida con la justicia.
Un día de tantos no nos vimos más. Supe que ella estaba ejerciendo su profesión de licenciada en Derecho como defensora de personas en situaciones marginales, que andaba por los pueblos de Oaxaca. Nos volvimos a encontrar en la presentación de La casa del ciervo, la más reciente publicación de Araceli Mancilla y, después, en torno a la salud de Julio Ramírez. Sabía que Bertha seguía escribiendo desde su trinchera, pero no más, pues no me he caracterizado por ser buena escucha y cuando coincidimos fue poco el tiempo que tuvimos para dialogar.
Hace un mes me llamó por teléfono para invitarme a presentar su libro y me lo compartió. Fue tan grata la experiencia de la lectura que, como me ocurre con cuanto descubro y me parece importante, quise contarle a la gente que conozco gustosa de la literatura acerca de Natmas/Confesiones.
En el libro Aforismos completos, Wallace Stevens escribe que “De los gusanos, el poeta hace trajes de seda”.
En la confección de sus poemas Bertha Cenobio ha utilizado la seda cruda de su vida y de nuestros días y la ha suavizado hasta la transparencia, a tal grado que la poesía se nos muestra con frecuencia en lo que no está dicho, precisamente contenida entre los hechos elegidos para ser contados, a veces como golpes de cuchillo o cristales en el estómago; a veces como una extranjera en la añoranza de las promesas divinas: “La vida es un cristal donde uno se esconde de Dios”; a veces deseando que un día sea diferente a los otros, y lo noble, que en el ser humano es máscara sobre las pasiones triunfantes; más lances como mariposa de obsidiana, Izpapalotl, mujer sabia, diosa madre de la guerra, patrona de la muerte que es retorno, sin pretensiones, para cualquiera, cuando la poeta pregunta “¿Es necesario perderse en el vientre de nadie / para volver a ser lo que somos?”.
“En los días en que se gesta la nostalgia / me aflige el mundo”, confiesa Bertha enfrentando la realidad que se fragmenta en múltiples formas avasallantes de la vida misma. Por momentos parece que tras la decepción no hay más que la desesperanza, pero se refugia en su niñez y la ternura recia de su familia, en la casa de su abuela, donde sigue vivo el árbol que la alimentó y su hermana “que nos dejó un día de lluvia intensa”, y en el diálogo con su padre, porque él tiene las respuestas y las soluciones: “–Papá, viene una serpiente / –No es venenosa, también tiene frío”. Bertha no se dobla por más bilis negra en su costado izquierdo tras los desalientos y denuncia, con la lengua noble de la fiera poesía que no nos abandona, lo absurdos que podemos llegar a ser:
Natma
Lo llevaron ante el tribunal
para que confesara:
“Antes de vagar solitariamente tenía cartas,
fotos viejas y el perfume de mi madre.
Por las noches me sentaba a escribir
para decir que el amor me ha negado todo.
Ayer cogí el oro, las monedas y el odio ajeno”.
La voz lírica cobra fuerza desde la luna, porque sin ella no hay equilibrio en la Tierra, sigue el camino de la luna como “una vieja canción que todos conocen”, escribió Bertha, y se nombra mujer, todas las mujeres bravas: Eva, Sara, la mujer de Lot, Dalila, Ruth, María Magdalena, Nike, entre otras; porque es en la experiencia de tantas vidas donde radica la sabiduría, donde María, madre de Jesús, sabe que al amor le sucede el abandono, y Eva reclama: “Dios, déjame llorar, al fin y al cabo / ya me has expulsado del paraíso”.
Así, sin complacencias, asoma la contradicción humana. Este libro, escrito en español y traducido al mixteco de Santiago Tilantongo por el maestro Jorge Hernández Santiago, inaugura el sello editorial Tres ciervos en colaboración con FR Editor. Fue presentado en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca el 27 de septiembre del año en curso y el 16 de octubre, en la 44 Feria Internacional del Libro de Oaxaca. Confieso que Natmas no es un libro para desvelar en una sola lectura. Su profundidad crece cada que se lee.
