Alejandro José Ortiz Sampablo
"Psicoanálisis para todos", premisa por comprobar
Primera de cuatro partes
Semanas atrás, a propósito de la labor que realizamos en el modelo de intervención social “Infancia es destino”, di comienzo a un seminario clínico en el cual tomamos de guía un texto de Sigmund Freud escrito en 1890, Tratamiento psíquico (tratamiento del alma). El formato que sigo en dicho seminario es similar al de la formación de los psicoanalistas, por lo que inevitablemente exijo que los presentes se ubiquen como investigadores y no como alumnos que reciben una cátedra.
Es importante resaltar que lo que realizamos en el dispositivo clínico-social “Infancia es destino” rompe con preceptos que se sostuvieron por muchos años en el campo psicoanalítico, aquellos que tienen que ver con la demanda de análisis y la gratuidad. Pues en primera instancia, somos nosotros quienes salimos de la comodidad de las cuatro paredes del consultorio para brindar la atención psicoanalítica; además, la ofrecemos de manera gratuita.
En el seminario del sábado, les comenté a mis compañeras y compañeros, que posiblemente muchos colegas entrados en años y posiblemente con más experiencia que ellos, no tendrían la menor idea de cómo intervenir con los niños y jóvenes que ellos atienden, pues en primer lugar no tengo noticia de que dicha labor se haya realizado de tal manera dentro del campo psicoanalítico. Haré una pausa pertinente para desarrollar la expresión de “tal manera”, y dé explicación a dos cosas que mencioné en el párrafo anterior: “demanda y gratuidad”.
¿Cómo nace la idea del dispositivo clínico social?
El pensamiento es viejo, y no es mío. Hace varios años, al terminar una conferencia que brindó un psicoanalista español —de quien en este momento no recuerdo su nombre—, éste y Silvia, la psicoanalista más relevante en mi formación, sostuvieron una breve charla, donde ella comentó que, si los psicoanalistas pretendíamos que el Psicoanálisis permaneciera, ya ni siquiera vigente, sino al menos vivo, tendríamos que romper el paradigma del uno por uno. Palabras más, palabras menos.
Esa tarde quedé reflexivo, intentando encontrar respuesta a la incógnita que se me había incrustado. ¿Cómo podría ser ese otro paradigma, si estaba convencido de que no había otra manera de indagar en las profundidades del alma propia más que haciéndote escuchar en la intimidad del consultorio de un psicoanalista? Hubo de pasar otros años, hasta que, por avatares de la vida, con otra y otros colegas formé el INEIP A.C., con quienes, afortunadamente, coincidí en una premisa: el Psicoanálisis no debía ser considerado privilegio de pocos, mucho menos el ideal de un status.
En mi caso, esa idea nació por la formación del psicoanalista que me forjó, por lo que mi convicción era y ha sido la de comportarme como un investigador del alma, antes que alumno o un creyente de teorías; por lo que se me impone generar las circunstancias para que el fenómeno, en este caso el psíquico, aparezca ante mí, y así poder observarlo. De esta manera nació la consigna del instituto: “Psicoanálisis para todos”.
Continuará el próximo sábado…
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