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CONSULTORIO DEL ALMA: CUENTA CONMIGO; Psicoanálisis, política y ciudadanía

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Alejandro José Ortiz Sampablo

Segunda de tres partes

“¿Pero, qué necesidad?”, una costumbre de padres de hoy

Quien haya dicho la frase que da pie a la presente serie de notas, en el contexto que nos atañe, posee un conocimiento ancestral, el cual ejecuta de forma automática, sólo que esta, apunta hacia la muerte.

Un saber de antaño

Al escribir el párrafo anterior, recordé lo que algunos padres deducían de aquellos hijos a quienes no se les miraba el anhelo de realizarse, pues abandonaban proyectos como el estudio o el trabajo. “Es que no tiene necesidad”, concluían.

Tanto aquellos padres como los de la frase: “¿Pero, qué necesidad…?”, poseen el saber de qué sólo la necesidad lleva a los seres humanos a moverse, a modificar el mundo acorde a fines; pero, ¿qué ha llevado a algunos padres a proponer a sus hijos, que no tienen la necesidad de moverse? Quizás usted piense: “A ver, a ver, considero que usted, psicoanalista, está malinterpretando. Ningún padre o madre realiza tales propuestas a sus hijos”. Sin embargo, esta propuesta se decanta en las situaciones que he mencionado.

Una idea común que muchos padres tienen, es la de dar demasiado valor a los estudios universitarios. “Tú dedícate al estudio”, es lo que le dicen al hijo; en ocasiones rematan con otro dicho: “no tienes necesidad de otra cosa”. Estas frases son sólo una aproximación de lo que llegan a decir; lo que puedo aseverar con claridad, es la disposición psíquica que muchos padres y madres adoptaron con sus hijos, la de evitarles aquello que ellos vivieron cuando fueron hijos, la experiencia de necesidad.

Una práctica equivocada, ya que nació de la herida narcisista que experimentó la entidad psíquica llamada Yo, la cual, para ejecutarla realiza una función propia de este, la negación de la realidad; en otras palabras, rechazan al mundo exterior y las implicaciones de existir en él.

Una tendencia biológica 

Por otro lado, niegan una tendencia propia del ser humano, aquella que develó Sigmund Freud en 1919 en sus investigaciones: la de retornar a lo inanimado; el creador del Psicoanálisis la llamó "pulsión de muerte". En la actualidad, es en el comportamiento de muchos seres. Puede observarse, lamentablemente, que es en los más jóvenes donde está tomando mayor fuerza.

Cuando Freud planteó su teoría de la pulsión de muerte, muchos de sus allegados lo consideraron loco, y se alejaron de él. Puedo decir que fue a causa de que privilegiaron el ideal que del humano y de la vida tenían.

A lo que aludo en el párrafo que inicia la nota, es que la madre y padre, en aras de manifestar el apoyo al hijo, de auxiliarlo o de llamarle la atención, no se percatan de que dicha frase es veneno para el espíritu, el anhelo, o la motivación.

Pero si les dijera que es el propio Yo quien decide beberlo, en otras palabras, a los hijos eventualmente les viene muy bien tal postura de los padres, pero eso lo explicaré en la siguiente nota.

Continuará el próximo lunes…

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