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MISCELÁNEA: La Independencia Nacional

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Leonardo Pino

El inicio formal de la lucha por la Independencia de México fue la proclama del Padre Miguel Hidalgo, dada en Dolores, Guanajuato, en la madrugada del 16 de septiembre de 1810.

A partir de ese día glorioso, patriotas como José María Morelos, Leona Vicario, Ignacio Allende, Josefa Ortiz, los hermanos Aldama y Vicente Guerrero, entre otras y otros, construyeron un gran movimiento popular y libertario. 

Además de la libertad e independencia del territorio, buscaban dar respuesta efectiva a muchas demandas de justicia social, nacidas en el seno mismo del ejército y movimiento insurgente, compuesto mayoritariamente por trabajadores, campesinos, mineros y pueblos aborígenes. 

Antes de cumplirse tres meses del inicio de la guerra de Independencia, se había decretado la prohibición de los sistemas de esclavitud y castas, la devolución de las tierras a poder de los originarios, el fin del pago de tributos y alcabalas (impuestos sobre las ventas o permutas), del uso del papel sellado, y se suprimió el estanco del tabaco y de la pólvora (la venta de estos productos estaba monopolizada por el Estado).

Ese glorioso proceso fue culminado once años después por un grupo político y militar, donde convergieron revolucionarios y monárquicos, altos dignatarios de la iglesia, conservadores, liberales y otros sectores que vieron amenazados sus intereses por el nuevo régimen de la metrópoli, pero sin mayor participación popular.

Los decidieron a tomar este partido, la promulgación de la Constitución de Cádiz, en 1820, que modifica la posición de las élites locales, que hasta entonces habían apoyado al sistema virreinal.

Trescientos años, un mes y seis días después de que Cortés plantara el pendón de Castilla y León sobre las ruinas humeantes de Tenochtitlan, el 27 de septiembre de 1821, la ciudad de México le es entregada al Ejército Trigarante. El gobierno virreinal había terminado.

Firma del Acta de Independencia

En medio de una gran euforia popular y de calles engalanadas con gallardetes con los colores de la nueva bandera, el ejército defensor de las tres garantías acordadas en el Plan de Iguala (Religión Católica, Independencia de México y unión entre los bandos hasta hace poco en guerra), hace su entrada triunfal a la Ciudad de México.

Al frente de los 16 mil hombres, aproximadamente, iba el cumpleañero Agustín de Iturbide, hasta hace muy poco, feroz perseguidor de los insurgentes; en la retaguardia, los viejos soldados de la Independencia: Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria y Nicolás Bravo, entre otros.

Al otro día, 28 de septiembre de 1821, en Palacio Nacional se leyó el Acta de Independencia, redactada por Juan José Espinoza de los Monteros y signada en dos ejemplares por 38 miembros de la Suprema Junta Provisional Gubernativa.

Una copia se quemó durante un incendio en el recinto parlamentario de Palacio Nacional, y la otra, un día desapareció. Algunos historiadores sostienen que Juan Nepomuceno, hijo de Morelos, se la regaló a Maximiliano de Habsburgo cuando fue a ofrecerle la corona del imperio mexicano y que cuando Maximiliano fue fusilado en Querétaro, su secretario se la llevó a Europa.

Luego de muchas vicisitudes, el 21 de noviembre de 1961, el Acta de Independencia regresó al pueblo de México.

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