Alejandro José Ortiz Sampablo
Última de dos partes
Vida cotidiana, olvidos y conmemoraciones del Psicoanálisis
En la nota anterior les compartí uno de tantos sábados de mi vida. En principio, no era mi propósito sino conmemorar la muerte del psicoanalista que, después de Freud, es el más importante de la historia, Jacques Marie Émile Lacan. Sin embargo, al intentar escribir, recordé los descuidos que había cometido aquel día, así que esa primera parte fue una manera de atenuar la pena por aquello que finalmente no escribiré.
Mi relación con Jacques Lacan y su obra es particular
Recuerdo cuando inicié mi formación como psicoanalista; para ese momento ya había estado en un grupo de estudio de Psicoanálisis y tenía algunos años como paciente. El centro de estudios donde ingresé para mi formación, era de orientación lacaniana. En ese entonces me encontraba tan entusiasmado por mi ingreso y la incertidumbre era tal, que no presté demasiada atención al nombre.
Las primeras clases las recuerdo como si hubieran sido ayer; en ese entonces se discutía sobre la política lacaniana, y hoy a la distancia, puedo ver que aun con mi inexperiencia juvenil, era más lacaniano que varios de los que se encontraban en dichas reuniones.
Aquel día hubo una tarea encomendada para todos, realizar un escrito sobre la “Política lacaniana”. Para la siguiente reunión sólo había logrado escribir unos párrafos. Por fortuna, Carmen, una compañera que había ingresado el mismo día que yo, decidió iniciar en la lectura de los trabajos. Al escucharla, reparé en lo pobre de mi escrito, no en cuanto a contenido, más bien en cuanto a valentía.
Cuando fue mi turno de dar lectura al trabajo, decidí disculparme pues consideraba que mi trabajo no era digno de leerse después de lo presentado por Carmen, y solicité se me permitiera presentar mi escrito en la siguiente clase.
El vacío
Con esa amarga experiencia pude dimensionar de qué se trataba aquello que mis mentores solicitaban a quienes pretendíamos ser psicoanalistas. Aquel primer escrito era resultado de la investigación que realicé, pero lo encontrado era tan confuso para mí, que decidí tomar el camino académico.
Así que, cuando escuché a Carmen, supe que de lo que se trataba era de pensar los textos y de escribir desde la experiencia. Fue hasta ese instante que logré nombrar aquello que me sucedió cuando leí los textos a los cuales acudí para averiguar qué era eso de la “política lacaniana”: había sido una experiencia de vacío.
Jacques Lacan fue uno de tantos psicoanalistas que leyó puntualmente la teoría forjada por Sigmund Freud, pero fue el único que se atrevió a hacer la guerra dentro del campo psicoanalítico, pues después de la muerte de éste, los psicoanalistas perdieron el rumbo, hasta tal punto que incluían en la teoría cualquier cosa, como si se tratara de una cosmovisión y no de un campo teórico construido con las herramientas de la ciencia.
Lacan puso en cuestionamiento principalmente la formación de los psicoanalistas y el saber de estos, graves heridas para el yo, el cual prefiere mantener, ante todo, su hegemonía. Fue dicha cualidad por la cual ese primer escrito era fallido. El segundo resultó mejor, sólo porque me percaté que yo era nada.
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