Mónica Ortiz Sampablo
La obra de Albert Camus es la expresión de las preocupaciones de un hombre en un contexto convulso, de guerra, de genocidio.
Albert manifestó en sus textos un afán por la libertad, la justicia social, la exploración de las relaciones humanas. Desde muy joven escribía para un periódico y durante su vida dejó innumerables textos de todo tipo; es necesario contar con tiempo suficiente para leerlo, pero aún más para releerlo y apropiarse de aquello que escudriñaba en el amplio espectro humano.
Dentro de sus obras se encuentran las “Cartas a un amigo alemán”, a un destinatario “hipotético” si así se quiere llamar, digamos un representante de los alemanes. Camus establece un diálogo con su destinatario usando la forma epistolar; mediante ellas manifiesta sus pensamientos sobre la guerra, la ocupación y la resistencia.
La lectura de estas cartas implica conocer el contexto, o bien tener disposición a adentrarse en él. Escribe Camus en la primera Carta:
“Hemos tenido que vencer nuestro amor al hombre, la imagen que nos forjábamos de un destino pacífico, esa honda convicción de que ninguna victoria compensa, en tanto que toda mutilación del hombre es irreversible. Nos hemos visto obligados a renunciar a un tiempo a nuestra ciencia y a nuestra esperanza, a las razones que teníamos de amar y al odio que nos inspiraba toda guerra. Por decírselo con una frase que supongo que comprenderá, viniendo de mí, cuya mano le gustaba estrechar, hemos tenido que acallar nuestra pasión por la amistad”.
Son cuatro cartas las que conforman este libro; la primera apareció en 1943. La segunda en el número 3 de los Cahiers de Libération, a comienzos de 1944. Las otras dos, escritas para la Revue Libre, permanecieron inéditas hasta la Liberación. La tercera fue publicada a comienzos de 1945.
Escribe en forma contundente, directa, todo el tiempo mantiene la verticalidad que lo caracterizó:
“Creo que Francia ha perdido su poder y su reino por mucho tiempo y que durante mucho tiempo necesitará una paciencia desesperada, una tenaz rebeldía para recobrar la parcela de prestigio que requiere toda cultura. Pero creo que todo eso lo ha perdido por razones puras, y por eso no renuncio a la esperanza”.
Estas cartas constituyen una mirada y un compromiso a la reflexión de un pasado que se sigue revelando en el presente.
