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MISCELÁNEA: Los mitos más peligrosos de la catástrofe climática

clima
Foto(s): Cortesía
Redacción

Ornela De Gasperín Quintero

Primera parte

Sin lugar a dudas, las actividades humanas han recalentado nuestro planeta. Según el sexto y último informe del Panel Intergubernamental de Expertos del Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC), si no se producen cambios radicales, la actual trayectoria mundial de emisión de gases de efecto invernadero, nos llevará a un aumento en la temperatura global promedio de 3.2 °C, en relación con niveles preindustriales, a finales del siglo XXI.

Si esto ocurre, la vida de casi la mitad de la población humana se vería amenazada, debido a que grandes extensiones del planeta se volverían inhabitables. A pesar de que tenemos un consenso científico contundente desde hace décadas sobre las causas y las consecuencias de la crisis climática, no se ha logrado frenar el aumento de las emisiones, y de hecho ahora son 60 % más altas que en los años 90. 

Cada año, se rompen récords de emisiones y de temperatura, y nos azotan eventos meteorológicos cada vez más extremos. Para poder cambiar la trayectoria en la que estamos, es necesario desmentir varios mitos que abundan y que enlisto a continuación.

 

 

1. “En cualquier momento se puede frenar la crisis”

Varios sistemas climáticos y biológicos tienen puntos de inflexión, puntos de no retorno, o puntos de quiebre. Estos puntos son umbrales que, una vez cruzados, llevarían a cambios irreversibles en estos sistemas en escalas de tiempo humanas, aunque se frenara el calentamiento global.

Entre los sistemas con puntos de quiebre están la muerte regresiva de la selva del Amazonas, la muerte de los arrecifes de coral, el derretimiento de los glaciares, el deshielo de varias capas en el Ártico, Groenlandia, y la Antártida, y el colapso de la circulación del Océano Atlántico o Circulación de Retorno Longitudinal, una corriente que puede llegar a detenerse totalmente, lo que afectaría los patrones de temperatura y de lluvia globales. 

Tenemos evidencia de haber cruzado uno de estos puntos de quiebre: el de la capa de hielo del oeste de la Antártida. De ser este el caso, los niveles del mar subirían alrededor de cinco metros, desplazando a cerca de 400 millones de personas, produciendo inundaciones y, posiblemente, desestabilizando otros sistemas globales.

El proceso de derretimiento de esta capa de hielo puede tomar más de varios siglos, pero sería imparable. Lo más preocupante es que mientras más estudiamos estos sistemas, más entendemos lo altamente sensibles que son a perturbaciones.

En 2001, el IPCC consideraba ‘altamente probable’ cruzar puntos de quiebre sólo a partir de un calentamiento global promedio de 6 °C en relación con niveles preindustriales, mientras que el último informe del IPCC (publicado en el 2022) alerta que ese riesgo existe por debajo de los 2 °C (ahora estamos a 1.3 °C).

 

2. “El problema es la sobrepoblación”

Los niveles extremos de desigualdades sociales y económicas, en donde el 1 % más rico de la población mundial acapara el 38 % de la riqueza, y el 10 % casi el 80 %, son espejos de las desigualdades en emisiones. Por ejemplo, una persona que se encuentre entre los cuatro mil millones de seres humanos más pobres del mundo, emite menos dióxido de carbono, C02 (el gas con efecto invernadero más importante y abundante) en un año, que lo que emite una persona en un vuelo comercial transatlántico, y menos de lo que emite una persona en una hora de vuelo privado. 

De hecho, sacar de la pobreza extrema a todas las personas que viven en esa situación, no haría diferencias en emisiones globales. El problema real son los excesos de la élite: la clase multimillonaria, y del sistema económico, el capitalismo, que permite la existencia de una clase social depredadora, que acumula muchísimo dinero y poder en muy pocas manos. Por sí sola, la clase multimillonaria usaría el 72 % del CO2 disponible, para no romper el límite de 1.5 °C para el 2050. Por definición, la existencia de una élite económica es incompatible con un mundo seguro.

Mientras tanto, las desigualdades económicas siguen creciendo, junto con la riqueza de la élite, y con sus emisiones. Desde 2020, el 1 % más rico ha acaparado casi dos tercios de toda la nueva riqueza del mundo, casi el doble de dinero que el 99 % más pobre de la población mundial. Un impuesto de hasta el 5 % a los multimillonarios del mundo podría recaudar 1,7 billones de dólares al año, lo que bastaría para sacar a 2.000 millones de personas de la pobreza y financiar un plan mundial para acabar con el hambre.

 

 

3. “Sólo necesitamos reemplazar fuentes fósiles por fuentes de energía limpias”

La energía que sale del sol es limpia; la tecnología que la captura, no. Aumentar el número de paneles y baterías conlleva daños ecológicos severos, que arriesgan el bienestar humano. En la ciencia, se han definido nueve ejes ecológicos que definen un área de operación segura para la humanidad, los límites planetarios, y el cambio climático es sólo uno de estos nueve ejes.

Aparte de trasgredir el límite seguro de cambio climático, estamos vulnerando los límites seguros de cinco ejes más: la deforestación, pérdida de biodiversidad, contaminación química, extracción de agua, y los ciclos biogeoquímicos del fósforo y del nitrógeno. 

¿Necesitamos implementar fuentes de energía renovables? ¡Sí, rápida y urgentemente! Pero para incrementar sectores estratégicos que beneficien a muchas personas, como centros públicos de salud, educativos y sistemas de transporte público, no para reemplazar la flota actual de casi 1,500 millones de coches, por vehículos eléctricos privados.

Además, es sumamente preocupante considerar una ‘transición’ energética, en un mundo cuyo dogma es crecer la ‘economía’, infinita y exponencialmente. El crecimiento económico es un proceso exponencial debido a su naturaleza compuesta (porcentual) a lo largo del tiempo.

En el 2017, un estudio publicado por el Banco Mundial calculó cuántos minerales se necesitarían para construir suficientes instalaciones solares y eólicas para alimentar aproximadamente la mitad de la economía mundial. Si duplicamos esos valores (asumiendo que seguimos en una economía enfocada en crecer), estima que se necesitarían alrededor de 4.800 millones de toneladas de hierro, 34 millones de toneladas de cobre, 40 millones de toneladas de plomo, 50 millones de toneladas de zinc, 162 millones de toneladas de aluminio y para llegar a cero emisiones, más de 40 millones de toneladas de litio, lo que supone un aumento del 2.700 % sobre los niveles actuales de extracción, para construir baterías que guarden la energía para cuando el sol no brille y el viento no sople, sólo para electricidad, sin considerar las necesarias para vehículos de motor.

A menos que cambien los hábitos de producción y consumo, sustituir la flota mundial prevista de dos mil millones de vehículos, va a requerir un aumento explosivo de la minería. En este esquema, la extracción mundial de neodimio y disprosio aumentaría otro 70 % al año, la extracción de cobre tendrá que duplicarse con creces y la de cobalto tendrá que multiplicarse casi por cuatro, todo ello entre hoy y el año 2050.

La minería es una de las principales causas de deforestación, colapso de los ecosistemas y pérdida de biodiversidad. Incluso al ritmo actual, estamos superando los niveles sostenibles de extracción en un 82 %.

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